Escribir y resistir por el arte, la crítica y la teoría

Cuando era niño / Hamilton Mora

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Cuando era niño pensaba que hacer arte solo se refería a dibujar formas con colores, que las líneas solo eran un conjunto de espacios para rellenar y que la plastilina – con su olor inigualable que daban ganas de comerla – convertía en realidad esa imaginación que volaba como tal vez nunca más vaya a hacerlo. Alojaba en mi cabeza miles de cosas que día a día, con un lápiz el cual quebrada su punta cada vez que lo usaba con fuerza, trataba de representar lo que mi cerebro le dictaba. Me preguntaba sobre el color, las formas, la geometría – que no sabía se llamaba así – y sobre un montón de cosas, a veces superfluas, otras veces trascendentales y en muchas ocasiones solo cuestionamientos que hacían sonrojar a los demás, pues cuando eres niño te cuestionas sobre todo y peor aún lo haces en público sin discreción.

Creo que el arte es de las disciplinas más selectas y sabe muy bien a quién escoge”.

Enloquecía mezclando la pintura, aunque debo reconocer que si alguna vez he sentido odio, ha sido por el amarillo, me desesperaba ese tono luminoso con el que pintaba el sol, como un simple circulo lleno de triángulos a su alrededor.

Soñaba porque soñar también es de niños, sumergido entre mi papel, entre mi color y mi espacio, un pequeño y manchado pupitre en un colegio, en una de las periferias de Medellín. La violencia, tan común en ese entonces, me hizo reconocer a fuerza que el rojo pertenecía a la sangre, que el negro eran las máscaras de los hostiles y que el verde eran las montañas que cruzaba para ir a estudiar.

Dibujo realizado por Hamilton en 2005

Nunca dejé que lo negativo se unificara a mi ser, que la oscuridad de quienes nos hicieron dañó se volviera una excusa para seguir sus pasos, mi resistencia, la de un niño que solo soñaba con pintar y conocer el mar, nunca se permeó por esa hostilidad. Era un niño, repito, que se resistía a dejarse ganar, un niño que hizo revolución con papel y lápices de colores, un niño que vio en el arte y, sobre todo, más que todo en el mundo, en el cuerpo un medio para manifestarse, de ver ese órgano como un templo efímero por naturaleza, penetrante por obligación, pero un insumo más de la naturaleza que reproducía vida, aunque es necesario reconocer que en aquel momento no lo sabía.

Hoy, con la sabiduría que me ha dado la vida, y pensarán que tengo cien años, he podido comprender algunas cosas, mínimas para la inmensidad de preguntas que hay por hacerse, pero que al crecer dejé a un lado, muchas veces por miedo, otras veces por conformismo, pero sé que la mayoría puede ser por no encontrar respuestas, entendí que en la vida no todo se puede resolver, no todo se puede contar y no siempre se debe saber.

Estuve rodeado de muchos niños, que en palabras amables, equivocaron el camino, yo escogí este, en el que uno se hace preguntas que para muchos están fuera de la cordura, que intento usar mi cuerpo como un respetado instrumento para dar a conocer algunas cosas, ahora ya no pinto, lo dejé de hacer hace mucho tiempo, tal vez la última vez aún era un niño, no tergiversé mi camino, tal vez este era en realidad, los colores ya no los uso, intento usar mi cuerpo, mi piel es más que un pigmento, y lo que hago con mis piernas puede ser esa geometría que antes no entendía.

Dibujo realizado por Hamilton en 2009

Hablar de arte puede terminar en intentos de sabiduría, terribles libros que extienden sus frases a miles de palabras, hoy no quiero redundar, aunque sé que lo hago con facilidad, hoy creo que es tiempo de creer en lo que ustedes deseen creer, en lo que usted que me lee, quiera creer, pero más allá de eso, más allá del arte, del color y la estética, quiero que vea a través de estas palabras, negro sobre blanco, que el arte más que ser una herramienta de provocación o divulgación, siempre será la mejor manera, por lo menos para mí, si me remito a mi infancia, para evitar confrontaciones que jamás llevarán a nada bueno, que todos podemos protestar sin violencia, que yo elegí el arte porque me permite protestar sin necesidad de mediar no siempre con palabras porque el arte, desde sus más específicos cimientos, debería evitar la literalidad, debería hablar por sí solo, así sea, como un dibujo de un niño, abstracto por naturaleza pero bello por ser único para cada cual. Cuando era niño soñaba con ser grande, ahora me doy cuenta que los sueños se hacen realidad, pero a veces no son como quisiéramos, como esperamos, ahora solo quisiera pensar como niño y pintar sin miedo, sin pensar mucho, manchar mis dedos sin temor a ser castigado, ver el rojo como la semejanza de una manzana, el negro como la noche y el verde lo que se ve a través de mi ventana, no es como quisiera, pero mi cuerpo está donde quiero, expresándose.

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