Escribir y resistir por el arte, la crítica y la teoría

Definir lo indefinido

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Aunque parece difícil de entender, y más aún de poner en práctica, el arte, y especialmente el abstracto, nos invita a dejar a un lado la razón para sumergirnos sensorialmente en la acción de espectador y dejarnos impregnar por las emociones que el artista plasmó en su creación. Observar el arte abstracto es rescatar y destacar el carácter de los pequeños elementos que componen al mundo, desde lo más mínimo hasta lo más extenso, de lo visible a lo invisible, y de lo material hasta lo inmaterial.

El arte abstracto se desarrolló inicialmente en Europa, generando con el tiempo una extensión que llegó hasta el continente americano, en el lado norte, para luego descender al sur. Como una especie de contracultura que levantaba la voz del pueblo en contra del poder supremo de cada país.

Vista exposición Manuel Hernández: el camino de la abstracción
Vista exposición Manuel Hernández: el camino de la abstracción

La influencia europea que llegaba con inmigrantes, artistas e intelectuales, fueron dando lugar a la apropiación de la vanguardia, a partir de la estética académica que cada país venía desarrollando.

Dentro del abstraccionismo, se ubica la mayoría de movimientos artísticos del siglo XX, donde se abandona por completo –aunque paulatinamente– toda referencia a la realidad; el arte después de la modernidad renuncia a la idea de representación, para resguardarse en aspectos más conceptuales, simbólicos y subjetivos.

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Los artistas abstractos, que luego se irían definiendo en diferentes ramas como neoplásicos, cubistas, o suprematistas, –por citar algunos ejemplos–, se concentraron en desbocar sus emociones, dejando a un lado la objetividad, dando lugar a pinturas o esculturas donde las formas geométricas o las machas de color bastaban para dar origen a su concepción del mundo. En esta medida el espectador se ve envuelto en un ejercicio que ya no es la interpretación, ni la extracción de la intención artística, se trata más bien del sentir y transcribir internamente, lo que expresan las formas y los colores en un lienzo.

En Colombia, como en el resto del continente, el arte abstracto influyó la producción de los artistas en una época posterior. Algunos geométricos como Marcos Ospina, Eduardo Ramírez Villamizar, Fanny Sanín o Carlos Rojas; matéricos como Olga de Amaral, Álvaro Herrán, Antonio Grass o Beatriz Daza; atmosféricos como Guillermo Wiedemann, María Teresa Negreiros, Alejandro Obregón o Manuel Hernández, abandonaron poco a poco el arte figurativo, para codificar su propio lenguaje y renovar la estética del arte colombiano.

3La pasada exposición del Banco de la República sede Medellín Manuel Hernández: el camino de la abstracción, ha suscitado el interés de crear este comentario, no solo para ingresar en la obra del artista, sino también para revisar un  poco el arte abstracto de Colombia, que aunque se ha desarrollado de manera tardía –como el resto de los acontecimientos estilísticos y artísticos–  representa un rol vital del desarrollo del arte en nuestro país, y la posibilidad de concretar cada vez más una apertura global del arte.

Manuel Hernández (Bogotá, 1928-2014), con los signos como protagonistas de su pintura, forjó un lenguaje visual que lo identificó formalmente como uno de los artistas abstractos más importantes del país. Su obra se caracteriza por el esfumado de los contornos, por las múltiples capas de color, las transparencias, la transición de la monocromía a la policromía, los grandes formatos, las líneas contradictorias de los rellenos, y evidentemente por el óvalo y el rectángulo.

Sus estudios en Roma y Nueva York, lo acercaron a sus principales referentes, Afro Basaldella y Robert Motherwell. Aunque es innegable su relación, también es cierto que Hernández supo extraer de ambos los elementos que le fueron cercanos, y apropiarlos de una manera en que, además de construir su propio estilo, originó una pintura que conservó distancia entre ambas. Así dio origen a cuadros con más color y con menos formas, dejando a los fondos apoderarse de sus pinturas.

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Vista exposición Manuel Hernández: el camino de la abstracción

La reproducción de los signos en la pintura de Manuel Hernández no agota, solo contesta al espectador una y otra vez, que para el artista, el color y la forma son lenguajes infinitos, eternos y  dinámicos. Entonces no hay repetición en Hernández, cada cuadro es diferente al otro, se da nuevos contrastes, movimientos, y atmósferas. Desde el principio de su abstracción hasta finales de su obra, el rectángulo y el óvalo, traen consigo otros elementos, como el vacío y el todo, contradicciones productoras una significación sensible.

Hernández es un ejemplo de la emoción convertida en pintura o dibujo –en realidad su escultura no se ha prestado positivamente a sus signos–.  El artista colombiano encontró su razón de ser en la necesidad de expresar lo que sucedía en su mundo –interior–, a veces sensaciones oscuras y siniestras,  otras placenteras o rítmicas.

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Vista exposición Manuel Hernández: el camino de la abstracción

Hernández como el resto de los artistas abstractos del mundo, ha generado la pregunta por la pintura y el arte en general, sobre su lenguaje y los límites de éste, quizás la constante incertidumbre –más de unos que de otros– se deba a la literalidad permanente del hombre. La abstracción en ocasiones es un campo de difícil acceso. El posicionamiento figurativo del ser humano es tan inherente que su continua preocupación por explicar el mundo se apodera del campo sensorial, dificultando a veces acceder en lo indefinido.

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En ocasiones es cuestión de tiempo y espacio, de ingresar al mundo abstracto de a poco. Es probable que ante la primera pintura abstracta no suceda nada en el espectador, pero se va creando cercanía con aquel lenguaje, que una vez se ha descubierto, deja surgir una creación personal. No hay nada que explicar ni entender, solo sentir y luego expresar en la cotidianidad lo que la deformidad del arte abstracto dispone para el espectador.

Fotografías: Erika Sosa

Estudiante de artes y lo que se va conectando a ellas. Llegué hasta aquí a través de la fotografía, aunque luego me apasioné por la historia y la teoría del arte. Considero leer, pensar y escribir como mi práctica artística. Espero del lector (y el espectador) una actitud activa que posibilite espacios de diálogo y debate.

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