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EL IMPACTO DE LO NUEVO Capítulo final: 25 años después

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Éste, es el último capítulo de la serie de los 8 ensayos visuales que realizó el crítico de arte Robert Hughes sobre la relación de la pintura, la escultura, y la arquitectura para resolver los temas culturales del siglo XX y lo que pudo deparar un mundo como en el que vivimos ahora. Una vez terminado el siglo XX y viviendo en una era en donde todo pasa, vale la pena hacer una revisión y anexar un capítulo final donde destaquemos lo bueno, lo malo, y la importancia de conocer la diferencia.

Debemos comenzar este capítulo con la advertencia de que quizás “El impacto de lo nuevo” ya no tenga mucho interés para algunas personas, sin embargo, el público debe aprender a reconocer aún hoy en nuestros días si la obra de arte tiene un toque de “novedad” o si tiene algo fresco y vital que decir.

Hace más de 100 años la Torre Eiffel significó para el mundo la imagen de una nueva era, su estructura simbolizaba sin duda la energía y la confianza que el arte parecía ofrecer. 80 años después cuando se construyeron las Torres Gemelas en Nueva York la gente no pensó igual, pero en su burda confianza, las Torres representaban el emblema de una sociedad contenta consigo misma y con el mundo. El 10 de Septiembre del 2001, nada pudo habernos preparado para los ataques terroristas a las Torres el día siguiente y lo que significó el impacto de su caída. Estos dos sucesos históricos los podemos reconocer como el inicio triunfal de la era moderna con el levantamiento de la Torre Eiffel y el derrumbamiento de las Torres Gemelas como su terrible final.

La caída de las Torres Gemelas nos proporcionó una cantidad de imágenes que nos recuerdan la violencia, el horror y las infamias que trajo el siglo XX: La bomba atómica; los campos de exterminio de la segunda guerra mundial que quedaron plasmados por los grandes pintores como kokoschka y Kirchner, o el asesinato de Kennedy. Hubo una época en la que el arte tuvo mucho que decir sobre el mundo y sus acontecimientos.

En 1937 Pablo Picasso pintaría el Guernica, la mayor invectiva contra la violencia en el arte moderno inspirada por el bombardeo de la ciudad Vasca por aviación alemana durante la guerra civil española. Puede que Guernica no sea el mejor cuadro de la historia, pero fue sin duda la última pintura de cierta importancia que se inspiró en  un tema político con la intención de cambiar la opinión de un gran número de personas sobre el poder.

GuernicaYa no hacemos este tipo de arte ahora. Hoy, las obras de arte más controvertidas no relatan los horrores del mundo si no las fobias personales de los artistas. Sólo hay que acudir a una muestra de arte contemporáneo para ver que todo es demasiado pretencioso, los artistas buscan impactar con un golpe inmediato, cualquier cosa que llame la atención, cualquier cosa para decir nada, sólo “aquí estoy, mírenme, soy diferente”. Su comprensión creativa se basa en hacer imágenes fácilmente comprables y vendibles; es como pensar que el arte occidental comenzó con Andy Warhol, lo cual sabemos que no es cierto, de hecho, sus últimos trabajos resultaron poco convincentes y repetitivos, e incluso kitch. Aunque su mensaje nos llegó tremendamente claro, el modelo principal del arte era la moda.

Hoy en día, lo más cercano a la factoría Warhol y su ejército de ayudantes lo podemos encontrar en el estudio de Jeff Koons; Koons financió sus estudios vendiendo artículos  en la Bolsa de Nueva York y comenzó su carrera artística metiendo objetos de consuma en cajas de plexiglás, un truco que aprendió de Marcel Duchamp en los años 10 y 20 del siglo pasado. Como Warhol, se ha enganchado de la imagen publicitaria de una era e intenta convertirla en iconografía. Sus esculturas son como un suvenir gigante. La farsa de Koons que quizás ni siquiera sea una farsa, es creer que es descendiente natural de los grandes artistas del pasado como Leonardo o Miguel Ángel interpretando la iconografía religiosa con un toque contemporáneo, que aspira al mismo nivel de fama y verdad eterna. Nadie cuestiona que sus obras sean una farsa o no, porque Koons es un sólido valor en el mercado.

NOTA: Hughes en este sentido cuestiona de manera radical el alza del valor monetario en el mercado del arte en la era contemporánea, y asevera que vender un Picasso por cien millones de dólares para luego retirarlo de la vista del espectador común porque sólo pueden mirarlo los millonarios, así como pasa con miles de obras de arte en manos de los coleccionistas carroñeros como él les llama, es una forma de “vandalismo espiritual”, una obscenidad cultural.

PicsArt_1422532193207El arte, el real, no necesita de impactos inmediatos para tener valor, puede ser turbador y resistir diferentes exposiciones sin dejar de serlo; esto es especialmente evidente en la obra de la pintora Paula Rego, una artista psíquicamente tensa, una de las mejores pintoras actuales de la experiencia femenina. Su trabajo es sutil, complejo, discreto y subversivo, las cosas no son lo que parecen ser. Paula Rego cuenta historias, pero en una narrativa psíquica, de diván, de confesionario de psicoanalistas y de sus propias pesadillas.

La pintura de Rego atrapa secretos de su infancia, un mundo de actos oscuros, compromisos y visiones, una sucia mitología en la que lo público y lo privado se encuentran en la vida familiar. A Paula no le interesan los “valores familiares” pero le fascinan las familias como fuentes de conflictos; si hay dos o más personajes en un Rego, podemos estar seguros de que por lo menos algo malo le va a pasar a uno de ellos.

“Siempre ha sido un  modo de hacer cosas que no harías de otra manera, con los cuadros puedes hacer cosas que no harías nunca en la vida”

Con Rego nos queda más que claro que para ser contemporánea la pintura no tiene porque necesariamente agradar a los medios, y que puede tener algo que decir aunque no sea algo agradable en si mismo.

RegoEn Alemania surgió un arte que trata la tensión entre la conciencia privada y la responsabilidad pública. Berlín, la ciudad que encarna la atribulada naturaleza del siglo  XX intentando mantener el equilibrio entre la decadencia y el colapso social, la aceptación forzada y el rechazo final de comunismo, la caída del muro, es en definitiva, una ciudad sumergida en el drama y el caos de la historia, pero, ¿Deben los artistas contar esa historia? ¿Qué se debe recordar y qué se debe dejar de lado? ¿O el arte debe poner a prueba su imaginación y la de otros?

Anselm Kiefer ha tenido el valor de coger el toro por los cuernos, Kiefer investiga en profundidad los caminos de la historia y su nacionalidad alemana, como en su obra “Monumento al artista desconocido” donde el artista desconocido era Hitler. La obra de Kiefer abre un vasto terreno de técnicas pictóricas y en el proceso, intenta cargar el contenido de trágicas historias y esperanzas redentoras que el arte reciente ha tendido a ignorar. El uso de sus materiales dan fuerza a la obra, y conmemora, uno de los acontecimientos más infames de la historia, el holocausto. ¿Qué recuerdo? ¿Qué debo recordar? Estas preguntas recorren la obra de Kiefer desde el principio.

Hoy es difícil para todos nosotros recordar la historia mientras intentamos sobrevivir al aluvión de información que nos asalta, ahora estamos expuestos a más imágenes en un solo día que cualquier habitante del siglo XIV en toda su vida. La mayor parte es basura, tenemos que descartar, que apartar cosas, limpiar las ventanas de nuestra percepción y trabajar lo que merece la pena mirar, lo que merece la pena recordar. Debemos tener claro cuáles son las imágenes que importan, las que retendremos.

Kiefer

Oponiéndose un poco a la mirada apocalíptica y melancólica de artistas como Anselm Kiefer, aparecen artistas con una energía más renovada como la de David Hockney, un artista que conoce el mundo contemporáneo y sabe cómo filtrarlo, un artista radical que se aleja del caos para perseguir lo bello. De moda en los 70´s y 80´s Hockney fue el cierto sentido la respuesta inglesa a Andy Warhol, pero fue mucho más que eso. “A bigger splash” es la quintaesencia de la pintura de los Ángeles, la salpicadura misma con sus bordes sombreados y sus trazos en blanco son una obra maestra de la “estilización” y nos muestra cómo incluso la belleza puede ser radical.

Hockney se pasó a la fotografía en los años tempranos de su carera queriendo darle a la imagen fija esa magia propia de la  mirada del pintor, sin embargo, de nuevo su trabajo dio un giro de 180 grados  volviendo al dibujo y a la pintura con las imágenes más sencillas en todo su arte.

Se puede comprobar el nivel de maestría al que ha llegado viendo la imagen de su madre en un cuadro, una fotografía y una acuarela. Elegancia, simplicidad y contención.

NOTA: Respecto a lo anterior, Hughes comenta que en los más de 45 años que se había dedicado a escribir sobre arte, había notado un decaimiento en cuanto a las técnicas tradicionales siendo estas lo esencial de la profesión. Este aspecto en parte, fue provocado por la pretensión de que la fotografía, el cine y la televisión, cuentan la verdad absoluta sobre lo visual, y esto, no es cierto. La cámara con suerte puede contar una verdad diferente a la pintura, pero no una verdad más cierta.

“La pintura y el dibujo nos llevan  a una relación más profunda con el objeto, necesitamos un arte más tranquilo, un arte que guarde el tiempo como un vaso guarda el agua; cuya técnica, nos haga pensar y sentir, que no sea falsamente icónica, que profundice en nuestra naturaleza. En una frase, un arte opuesto a los medios de comunicación de masas”

Pues bien, precisamente el mundo de Lucian Freud estaba hecho de pintura, no hubo un artista vivo después  de Picasso que hiciera del estudio del cuerpo humano un tema tan inquietante. El modo en que construía equivalentes a la realidad es inspirador, cada centímetro de superficie debe ser conquistado y trabajado, debe buscar la curiosidad y sobre todo, exigir un compromiso activo en el espectador. Poco o nada de esto ocurre con Warhol, Gilbert y George u otros de los carroñeros de imágenes que “enferman” el panorama cultural de una ya decadente y destrozada posmodernidad.

 

Freud

Cada cien años aparece un visionario que habla sobre la muerte de la pintura, pero lo que te llevas de una obra como la de Lucian Freud o incluso como la de Hockney, es una triunfante reivindicación de su vigor y su derecho a exigirle al público, porque pintura, es lo que no son los medios de comunicación visuales, es un modo de compromiso específico, no un modo de seducción barato y general.

Existe la belleza en la pintura pura bien hecha y no tiene porqué ser figurativa, eso lo sabemos, también puede ser abstracta. Sean Scully es uno de los artistas más interesantes de la abstracción actual, cimienta su pintura abstracta en una experiencia urbana compartida. Su estilo es, sobre todo reflexivo.

“Hay dos polaridades que comenzaron a principios del siglo XX, una era hacer arte como el resto, y otra es hacer arte diferente y convertir una obra en una especie de santuario. Intento hacer algo espiritualmente potente, son puntos de vista opuestos a la modernidad”.

Las superficies parecen almacenarse como piedras, son opacas, no se puede ver a través de ellas, no hay en su pintura un horizonte libre.

“Un cuadro actúa de una forma lenta y subliminal en la cultura, está como aletargado en la pared, se puede pasar por delante de él e ignorarlo, pero cuando vuelves a pasar por él, te atrapa”.

No es arte instantáneo, son años de concentración, años de estar o pasar de moda y seguir pintando a pesar de los venenos del éxito o del fracaso.

Podemos cerrar este capítulo, con la idea de que los museos han remplazado a las iglesias como lugares de congreso social y orgullo cívico, y a pesar de la dudosa calidad de algunas de las obras que hay en su interior o su exterior, el público quiere experimentar el arte en las paredes de su museo. Buscamos el valor, su significado, un lugar fuera de nosotros mismos que nos diga que hay más vida que nuestras preocupaciones y necesidades cotidianas.

La idea de que la experiencia estética proporciona una comprensión trascendente, resumió el concepto del arte, y ésta, cumple una necesidad humana, porque el deseo de experimentar, de vivir con ella y aprender de ella. sigue siendo inmortal.

Scully

 

Artista plástica, escritora y blogger. Diplomada en periodismo cultural y crítica de arte. Estudió filosofía en la Universidad de Antioquia y Estética y Teoría del arte con la universidad de Cádiz. Su trabajo se caracteriza por investigar el rol femenino en la historia. Se interesa por la escritura de textos en los que reflexiona acerca del sistema del arte actual. Hace parte del equipo de columnistas de la revista internacional de arte Artishock , colabora en el suplemento cultural de El Mundo y escribe para diversas revistas de arte.

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