Escribir y resistir por el arte, la crítica y la teoría

El placer de no hacer nada por el arte.

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Ferias de arte y pasividad artística.

Existe una clara sobrevaloración de los últimos logros culturales en el país, y el arte es la excusa perfecta para sustentarlos, esta enfermedad que había sido padecida por tanto tiempo por los que se mueven dentro de lo que podríamos llamar circuito artístico, ahora se extiende a terrenos nacionales, donde discursos políticos que carecen de sentido empiezan a valorar el arte en términos de lo que se va viendo en lo que corre de este año, como un eje que vitaliza el mercado de bienes, peligrosamente especulativo.

No quiero empezar este artículo en medio de un discurso anticapitalista que se hunda por su propio peso, por ello debo aclarar que las ferias de arte son, en esencia, una manifestación del mercado de bienes y servicios considerados artísticos, y como mercado,  son meramente instituciones sociales que establecen las condiciones para el intercambio de bienes y servicios relacionados con una idea de arte, mas no con todas las ideas que intervienen en el desarrollo del concepto de arte. Personalmente no considero que las ferias o el mercado tengan una responsabilidad con el arte, pero en la medida en que se plantean como plataformas para configurar el campo artístico, como se ha venido haciendo hasta el momento en varias de las ferias que han afectado la escena, como ARCO, ARTBO, Feria del millón, feria ODEÓN o la pasada ART MEDELLIN, se hace necesario develar el sistema bajo el cual funcionan y dejar en claro que una feria no es, ni podrá ser nunca un simposio o una reunión para discutir, socializar o visibilizar los avances de un determinado campo, que en este caso es el artístico.

La pasividad frente al tema y la clara asimilación de la idea de feria de arte como espacio de crecimiento para el arte contemporáneo, hace necesario señalar las limitaciones de un espacio enfocado al mercado, porque como ya se ve dentro de los círculos del arte nacional, hasta los mismos artistas, que vienen desarrollando propuestas de gran valor para el arte nacional, empiezan a adueñarse del discurso que vende la feria para conseguir más seguidores, dejando por fuera la idea de que son necesarios verdaderos espacios de generación de conocimiento, de intercambio de avances y de diálogos críticos y reflexivos, que permitan nuevas miradas y construcción de nuevas propuestas en el campo del arte.

Se plantea esta idea porque las ferias, como problema dentro del enajenado nacionalismo de este país, se conciben como el mayor evento dentro del arte colombiano, y ese planteamiento acaba con toda posibilidad de crecimiento en el campo del arte, porque las ferias son, por poco, el mayor evento económico dentro del mercado del arte, pero no son un evento relevante en términos de contenido artístico, una feria no necesita fortalecer el hilo conceptual o productivo, o generar redes importantes entre artistas, sino fortalecer las líneas de mercado, visibilizando aquello que cree importante para la venta de la idea de arte en una nación, pero no aquello que pueda ser relevante para el fortalecimiento de la creación artística, esto no es un pecado para la feria, es un pecado para los artistas y demás agentes que confunden estos eventos con la posibilidad de fortalecer el arte y la cultura, cuando este hecho solo demuestra la poca capacidad de los creadores para afrontar una situación tan compleja.

Las ferias de arte contemporáneo se disfrazan de lugares neutros, con innumerables capas de maquillaje que hacen parecer que todo público puede acceder, vendiendo el discurso de que cualquiera, con conocimientos o no del arte puede comprender lo que pasa en un espacio que es todo menos simplicidad, los elementos que articulan las partes de la feria, los proyectos de galería, se opacan rápidamente por la idea de un mercado uniforme y comprensible, de fácil acceso y de espectacularidad desbordante, el ambiente está controlado para crear las bases perfectas para la especulación, dando muerte al supuesto ejercicio cultural que pretenden aportar. Las obras y demás propuestas, sucumben rápidamente en este ejercicio casi hospitalario de higiene y pulcritud y se enfrentan a la necesidad mas básica, aparecer ante los ojos de los coleccionistas y especuladores, olvidando que lo que ha atraído a tantas personas no es aquello que se materializa en forma de obra o pieza artística, sino el espectacular espacio de mercado que las contiene, la máquina de ventas que cada año está mejor pensada.

Llegamos al final de la experiencia, la nueva forma de espectáculo colombiano, donde el mercado de la obra de arte se vuelve un ejercicio de pura representación y exhibición, circulando imágenes para atraer y especular, pero como dije, el mercado y la feria no tienen ninguna responsabilidad con el arte, son meras manifestaciones sociales de economía y poder, que entendidas de manera consciente pueden funcionar como motores económicos, sin embargo, un motor económico tiene grandes peligros que como siempre en este país de pasividad, se dejan olvidados hasta que explotan por sobrecarga, calcinando todo lo que se cruce, las ferias pasaron hace tiempo de ser eventos culturales relevantes para la construcción conceptual, son eventos netamente espectaculares.

A la feria no le duele lo que se escribe, no le duele la crítica, no le importa y no le afectará nunca en su forma de construirse, porque es, como ya lo he dicho, un evento ajeno a la construcción del campo del arte pero que se inserta en sus dinámicas,  es por esto que no se escribe esto como un manifiesto contra la feria, sino más bien como manifiesto crítico dirigido a los artistas y demás agentes del campo del arte, que alimentan la idea de que una feria nutre el desarrollo de la escena de creación y conceptualización artística o del trabajo creativo de un artista, porque está muy lejos de hacerlo.

Hace tiempo hice unos votos sinceros y al final, tras el pasar de los años el eco de esa promesa de niño retumbó en mis cimientos. Aquí estoy, renovando mi palabra en cada acción, en cada cosa construida y en cada texto, sin condiciones. Todo lo que ha pasado alrededor de mí ha logrado rescatarme de un abismo y descubrirme la libertad. El arte es ese único camino que puedo caminar de manera honesta para dialogar con otros sobre esos detalles que parecen tan insignificantes pero que bajo la reflexión crítica del arte presentan su verdadera relevancia. Esta es otra oportunidad para dialogar, si se me permite, sobre las formas en las que la realidad se construye con cada palabra que pronunciamos y cada imagen que presentamos.

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