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INTERSECCIONES CAPÍTULO III El pintor de la luz: William Turner & la luz que es pintura de James Turrell

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La luz, se evoca desde la espiritualidad, el arte y la ciencia, como un fundamento físico y simbólico que intenta explicar desde sus particulares maneras nuestra percepción de la realidad y cómo interactúa el hombre con las cosas del mundo. Arte, ciencia y espiritualidad están unidas a este concepto; no en vano, los artistas que enfocan sus intereses desde nociones trascendentales, lo hacen en muchas ocasiones a partir del estudio de algunas de sus revelacionesAsí, la fascinación con el fenómeno de la luz se relaciona por momentos con una personal e interior búsqueda del lugar de la humanidad en el mundo y en el universo.

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Se ha dicho con inexactitud que para los artistas la luz comenzó a ser una verdadera fuente de inspiración en el siglo XIX, especialmente con la aparición del impresionismo. Joseph Mallord William Turner (Londres, 1775 – 1851) fue nombrado en el siglo XVIII “el pintor de la luz”. Temprano, William Turner padre, salía a comprar sus pigmentos básicos: amarillo de cromo, una onza; blanco de titanio, una bolsa grande; una medida pequeña de azul ultramar especialmente llevado desde Afganistán; rojo especial de India y aceite de adormidera. Ahora Mr. Turner se disponía a comenzar su jornada.

Según la historia, William no parecía un hombre muy simpático, refunfuñaba y rumiaba de forma habitual; nada anormal para el temperamento de una mente brillante, ¿Ego? Probablemente. Comenzó los estudios en la Royal Academy de Londres a los 14 años, a los 15 ya habían aceptado una de sus pinturas para ser colgada en esas presuntuosas paredes, y a los 24, sus obras eran adquiridas y comisionadas por la “distinguida” aristocracia.

La destreza que Turner manejó para manifestar toda la potencia creativa en sus pinturas, fue sin duda, gracias a su interés por agudizar hasta el límite, la percepción.

Mi obra es acerca de la percepción, es usar la luz como material para influenciar o afectar el médium de la percepción. Yo siento que necesito usar la luz como si fuera un mágico elixir que absorbemos, como la vitamina D a través de la piel, quiero decir, somos literalmente comedores de luz para entonces afectar el modo en que vemos. Vivimos dentro de la realidad que creamos, y no nos damos cuenta aún de cómo creamos esta realidad. Por eso mi trabajo es frecuentemente un koan acerca de cómo vamos formando este mundo en que vivimos, particularmente con la visión” .

¡No! La frese no pertenece a Mr. Turner, la frase es una declaración de James Turrell, todo un veterano del arte que se interesó por usar la luz como materia de trabajo. Tiene la estampa propia de un viejo maestro impresionista. Nació el 06 de mayo de 1943 en Pasadena, California. Es licenciado de la Universidad de Pomona en Psicología Perceptual, incluyendo el estudio del efecto Ganzfeld (técnica empleada en el campo de la parapsicología para probar la percepción extrasensorial de las personas y hace parte de la teoría de la Gestalt). También estudió matemáticas, geología y astronomía. Recibió una maestría en arte de Claremont Graduate University y por más de cuatro décadas ha creado sorprendentes obras que juegan con la percepción y el efecto de la luz dentro de un espacio arquitectónico magistralmente seleccionado o creado.

Percepción e impresión son las dos palabras que contienen el trabajo de estos virtuosos del arte, y que en ambos, han sido conceptos de absoluta relevancia. Sin embargo, hay una especie de contrasentido en relación al uso formal que cada uno hace de estos dos términos, pues Turner nos mostró “la percepción de su percepción” para darnos una impresión de algo (un barco, un hombre, un pequeño elefante, el alba), es decir, lo que Turner percibía es lo que podemos admirar al contemplar sus cuadros; por el contrario, en Turrell, la impresión de lo que nosotros mismos percibimos es lo que estamos sujetos a contemplar.

En ambos, la naturaleza circunda un eje particular de trabajo, en tanto que Turner viajaba por toda Europa buscando inspiración en diferentes lugares y paisajes, mientras que Turrell, gracias a que recibió una licencia como conductor aéreo a los 16 años, puede volar buscando los territorios más adecuados para realizar sus intervenciones monumentales. Fue así como encontró un volcán inactivo en Flagstaff, Arizona, para desarrollar Roden Crater, un ambicioso proyecto, quizás, una de las obras contemporáneas más magistrales, en el que ha invertido más de 40 años de su vida y cuya intención es traer el cielo a la tierra, para conectar a los espectadores con ese cielo, las estrellas y por qué no, los planetas más distantes, intentando señalarnos algunas “verdades universales”.

Turner pintó la naturaleza, y Turrell la está utilizando. Turner pintó artificialmente la luz natural, mientras Turrell invade con luces artificiales –neones y ledes– la realidad de un espacio.

Por otra parte, William acogió con ánimo los consejos de su maestro Joshua Reynolds, quien consideraba que los artistas no debían poner atención en representar las experiencias mundanas y mezquinas, sino que debían investigar las verdades universales de nuestra existencia. Por lo tanto, Reynolds aconsejaba a sus artistas que abandonaran las imitaciones de las meras apariencias y que transmitieran lo trascendental; algo a lo cual Turner llamó en 1809 “las cualidades y las causas de las cosas” o las “verdades universales del comportamiento y la forma”. Así, Turner mostró un interés especial por lo que pudo indagar sobre la existencia humana, pues, aun sin ser un hombre con una ideología muy religiosa como la de Turrell –en términos de espiritualidad individual, no en términos dogmáticos– supo ver en aquellos vientos, atardeceres y mareas, la magnificencia de la creación divina gracias a la luz, como si fuera su gran guía y su aliada. “El blanco es el bien y el negro es el mal”, dijo Turner; y la ausencia de luz provoca depresión, aseguró Turrell. “En vez de tomar Prozac habría que tomar el sol” ¿Por qué? Porque “el sol es Dios”, como lo afirmó Mr Turner en su lecho de muerte.

Para Eric Shanes, autor de más de diez libros sobre la vida y obra de Turner, el artista inglés logró a lo largo de su vida configurar un procedimiento que seguiría las recomendaciones de Reynolds. Se trataba de la “síntesis ideal” que no era más que una forma de superar la arbitrariedad de las apariencias, en tanto que la memoria depura lo esencial. Consecuentemente, y partir de una concepción sobre el arte que se alejaba de creer que el artista debía una representación mimética, Turner comenzó a depurar de sus escenas las formas, pero un público desconcertado, no parecía estar muy acorde con su nueva decisión: “está perdiendo la vista” decían, “el señor Turner está prescindiendo de las formas…está completamente desquiciado”. Se dice, incluso, que la Reina Victoria le llegó a negar la Orden de Caballero (un honor que otorgaron a pintores de menor categoría) porque consideraba que Turner estaba loco. Ante tales acusaciones el maestro se apresuraba a responder: “yo no pinté este cuadro para que fuese entendido, sólo quería mostrar cómo luce semejante espectáculo”.

John Ruskin, quien fue uno de los grandes amigos de Turner, contaba como anécdota que en una ocasión un crítico de arte cuestionó al artista por no haber pintado los ojos de buey de los barcos en una de sus pinturas, a lo que Turner explicó que, en el momento de pintar los cuadros, los barcos se encontraban a contra luz, por lo tanto, los ojos de buey no estaban visibles. Contrariado, el crítico argumentó: “de acuerdo, pero sabe usted bien que los barcos tienen ojos de buey”, a lo que Turner respondió: “sí, pero yo me dedico a pintar lo que veo, no lo que sé”, una respuesta bastante impresionante. En efecto, los fenómenos atmosféricos fueron para él mucho más importantes que la representación de los objetos que observaba.

Ambos artistas estudiaron las teorías del color y la luz de Newton y Goethe.

En este punto, debemos  recordar que la era mediática irrumpió la manera en cómo vemos y percibimos el arte. Gracias a una cultura cargada con la tradición del siglo XIX, de que las imágenes deben colgar de las paredes, el Museo del Prado, la National Gallery de Londres, la Tate Gallery, El Metropolitan Museum, el Museo de Bellas Artes de Boston, el Instituto de Arte de Chicago, entre otros, tienen en sus muros un espléndido William Turner. Contrario a esto, y no siendo una diatriba contra el arte de pared, ahora James Turrell parece preguntarnos si estamos listos para dejar de lado esta costumbre paradigmática. El arte actual, lo sabemos bien, es compulsivamente icónico y el contexto en el que nos desarrollamos está saturado de imágenes. Alejandra García en su texto El deseo de la imagen y el placer visual señala que “la imagen se ha presentado como el recurso más utilizado para enseñar y perpetuar el tiempo y la memoria […] La imagen se ha expandido y se ha vuelto flexible hasta lo máximo; ya no se limita, no es tímida, no se avergüenza, y solo se muestra”. Entretanto, James Turrell ha cuestionado si las visiones de los objetos y las representaciones de las cosas aún son necesarias para expresar el arte. Sin duda, ésta es una pregunta que no podríamos responder de manera asertiva, porque los objetos y las imágenes son justamente lo que identifica al hombre contemporáneo, y la acumulación de representaciones, objetos e iconografías son lo que hoy predomina en el arte; es como una especie de horror vacui, por más que esa aparente “desmaterialización del objeto artístico” parezca en los discursos académicos una crítica a la artefactualidad por su insistente usanza, no obstante, la obra de Turrell responde efectivamente a esta desmaterialización de la que mucho se habla, porque este veterano de California, es sin duda un visionario.

Turner parecía anticiparse a su época, cuando incluso, hacía presentaciones performáticas escupiendo sobre sus lienzos y untando huevo, ceras, grasa, chocolate, mientras un grupo de curiosos aristócratas le observaban terminar sus cuadros; y Turrell, parece ahora anticiparse a la verdadera sustitución de la imagen.

No es que rechace la imagen en el arte, es que quiero el poder de la luz”.

Ambos visionarios nos han mostrado otro nivel de la luz en la representación de la pintura; y otro nivel de la luz sobre la percepción visual que tenemos del mundo.

Así pues, el concepto que describe sus trabajos es la sublimidad. La fascinación que han transmitido por los fenómenos de la luz está conectada en última instancia –como menciono al inicio– a una búsqueda interior muy personal para encontrar el lugar de la humanidad en el mundo –Turner– y en el universo –Turrell–. Su arte solicita de nosotros una mayor conciencia que se puede asimilar como una disciplina equivalente a la contemplación.

Finalmente, deberemos considerar que si la crítica de John Ruskin y la opinión sobre William Turner de Jack Lindsay consideraron que sus obras formaban un todo coherente y un cuerpo unificado de poesía pictórica, la crítica actual consideró que James Turrell también ha conseguido una poesía exquisita, casi de la nada.

 

Referencias
Barker, Elizabeth. (2004) THE MET. Cronología de la historia del arte. EE. UU, Nueva York. Recuperado de http://www.metmuseum.org/toah/hd/trnr/hd_trnr.htm
Estenssoro, Hugo. (2016) Raquel E. García, Cruz. William Turner: El hombre que fue una época. México. Recuperado de http://blogs.fad.unam.mx/asignatura/raquel_garcia/?p=583.
Foster, Ian. Ortega, Eve. (2013) Art 21, Episode #179 James Turrell “Second Meeting New York.
Hughes, Robert (2002). A Toda crítica: Ensayos sobre arte y artistas. James Turrell. España, Francia. Ed: Anagrama. Pg.311.
Lowe, Georgina. Leigh, Mike. (2014). Mr. Turner [cinta cinematográfica] Reino Unido.
Shanes, Eric. (2004). TURNER. Francia. Ed: Parkstone International.
Turrell, James. (2017) JAMES TURRELL. Roden Crater. EE. UU, Texas. Recuperado de http://jamesturrell.com
DW Chanel. (2015) Reportajes y documentales: James Turrell “El cielo en la tierra.” Alemania.

 

 

 

Artista plástica, escritora y blogger. Diplomada en periodismo cultural y crítica de arte. Estudió filosofía en la Universidad de Antioquia y Estética y Teoría del arte con la universidad de Cádiz. Su trabajo se caracteriza por investigar el rol femenino en la historia. Se interesa por la escritura de textos en los que reflexiona acerca del sistema del arte actual. Hace parte del equipo de columnistas de la revista internacional de arte Artishock , colabora en el suplemento cultural de El Mundo y escribe para diversas revistas de arte.

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