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INTERSECCIONES CAPÍTULO I: La fascinación por la violencia en Goya y la irreverencia de los hermanos Chapman

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No ha existido en la historia del arte, un fenómeno más desarrollado en las reflexiones sobre la vida a través de las obras de un pintor, que los estados interiores del hombre revelados en su comportamiento con el mundo como el producto de un ego insatisfecho; y el ego, cuando rebosa los límites de la consciencia, sólo puede aceptar la vida a través de sus desmedidas ansias de poder. El poder en las manos de cualquier hombre que no haya experimentado alguna vez la paz interior, sólo lo ha conducido a engendrar violencia, y el arte, siempre ha sido un testigo de ella aunque no precisamente el más silencioso, pues su presencia se pronuncia como una necesidad vital de un gran número de artistas por expulsar la podredumbre del ser interior y convertirla en una creación.

Ésta es la raíz por la que hoy en día continuamos sorprendiéndonos con obras como las que veremos en este capítulo. El horror de la violencia transmutado en maravillosas pero brutales obras maestras que luego fueron reinterpretadas en las creaciones “profanas” de dos artistas contemporáneos, para los cuales aparentemente no existe un concepto real del valor ético o la moral en la historia.

“La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”.

Esta frase pertenece a Francisco de Goya y Lucientes (1746- 1828) más conocido como el pintor de “Los desastres de la guerra”. Goya nos dejó a través de sus pinturas y grabados una percepción del mundo vista con un filtro oscuro, nebuloso y denso; por varias razones fue llamado el precursor de las vanguardias pictóricas, pues la pintura del siglo XX heredó de la pintura decimonónica la pretensión de encarnar de manera feroz, la decadencia a través de la tempestad del mundo interior y la demencia, reflejado en el trabajo de atormentados personajes como Van Gogh, Munch o Bacon.

El derrumbamiento del idealismo alemán tras la desgarradora realidad de la guerra, cuyo declive ideológico se vivió con la primera guerra mundial, seguida de los horrores del holocausto judío, fueron algunos detonantes de esa angustia colectiva que el arte del siglo XX arrastró de su época anterior.

Quizás, Goya podría ser considerado como una especie de profeta en el mundo,  porque,  en general los buenos artistas lo son; sus pinturas contienen todo un universo de personajes y escenas decadentes,  depravadas, perversas y bastante próximas a lo que somos hoy en día en las sociedades contemporáneas.

Goya

Por otra parte, aunque Goya fue y un pintor y un grabador excepcional, los dos personajes que citaremos a continuación no son precisamente artistas de las dos dimensiones, su fuerte, es ser escultores y artistas de la instalación.  JakeChapman  (1966) y Dinos Chapman (1962) son dos hermanos que hicieron parte de la conocida ola de los “Young British Artists” promovida por el famoso coleccionista  Charles Saatchi, quienes se han ganado su prestigio gracias a la irreverencia que muestran frente al arte ademas de los acontecimientos del mundo en donde la ética y el respeto hacia los compendios históricos aparentemente no tendrían demasiada importancia en el mundo de hoy.

El siglo XIX trajo consigo eso que conocimos como la muerte de Dios, término filosófico expresado por Friedrich Nietzsche que en palabras del profesor y filósofo Isaac Montezuma debió dar comienzo con una forma de interpretación además de la representación del mundo y de lo humano, más noble, más vigorosa y mejor que la de las formas de interpretación y representación de la metafísica de la modernidad, sin embargo, las consecuencias de aquel gran suceso no fueron de ninguna manera lo noble y lo grande que Nietzsche esperaba, por el contrario, la muerte de Dios abrió paso también a la forma más peligrosa de nihilismo: el relativismo subjetivista, con lo cual, se confirma nuevamente la sentencia de Goethe según la cual cultivando nuestras virtudes, cultivamos también nuestros peores defectos.

goya y chapman

 

Hoy, a más de cien años de este suceso, nos enfrentamos a este alarmante concepto y a las más terribles consecuencias de las que Nietzsche o incluso Heidegger apenas pudieron prever en sus más oscuras pesadillas. Grandes artistas de la historia se han empeñado en recordarnos que el mundo no es un lugar precisamente muy agradable,  gracias a sus representaciones de los más terribles desastres históricos en obras cuyo único propósito es alertarnos del gran ocaso en el que se encuentra la humanidad, algunos artistas como Van Gogh pintaron desde un manicomio, y luego de su predecesor Goya como pintor de la demencia, Edvard Munch plasmaría el yo como un horrible campo de batalla.

Esa forma de representación del hombre llegando casi a lo bestial en la que Goya encarnaba sus figuras a través de la pintura y los grabados, los hermanos Chapman la han adaptado de manera más sarcástica y cínica para originar criaturas humanoides, monstruos de rostros grotescos, piernas múltiples y escenas sexuales que aún hoy, en una era de avances tecnológicos y  open-mindedness donde ya “casi nada” es una sorpresa, nos hacen retroceder y  encarar la perversidad a través de sus miradas.

“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?” Friederich Nietzsche, La gaya ciencia.

Como artistas interesados en el trabajo de Goya, los Chapman adquirieron una serie de grabados pertenecientes a la serie  “los desastres de la guerra”. Pero lo que quizás nunca se hubiera imaginado el pintor flamenco, era que su propósito no sería el de adquirirlos con el mismo fervor que lo haría cualquier coleccionista apasionado, sino,  que la intención era pintar sobre ellos; en total intervinieron, o como lo llamó la crítica escandalizada, “profanaron” 83 grabados pertenecientes a una edición de 1937 de esta serie.

“Desde el punto de vista de la impresión, de la historia del arte, desde cualquier punto de vista, se trata de un tesoro que ha sido destrozado” lamentó Jonathan Jones en un extenso artículo para el periódico Guardian.

La intervención de los Chapman a la obra de Goya generó una amplia polémica, Jonathan Jones también comentó en una reseña para el periódico español El cultural: “Pobre Goya, en vida, además de la sordera, tuvo que aguantar a la Inquisición y soportar al Duque de Wellington. Ahora, tiene que sufrir con los hermanos Chapman”.

En los últimos años de la década pasada, los hermanos Chapman desarrollaron un proyecto artístico para el museo P.S.1. de Nueva York: la exposición What the Hell I – IX integrada por fotografía, escultura y video. Se trata de nueve fotografías monumentales que ilustran con gran detalle y brutal crueldad el suceso de la guerra. El trabajo señala uno de los peores capítulos de la historia bélica: el ejército alemán en una sola ejecución mató alrededor de 18 mil soldados rusos durante la Segunda Guerra Mundial. El ejército Nazi es atacado por su propia creación de superhombres (Übermensch) que aparecen al mismo tiempo como víctimas y agresores.

sum

 

Una de sus primeras reinterpretaciones de la obra del artista español se llamó, citando a Goya, “Great Deeds against the Dead” en las que reproducían mediante una instalación,  uno de los grabados del maestro español a tamaño natural, en el que un maniquí descoyuntado aparecía atado a un árbol.

Por su parte, el público tiene una reacción poco favorable frente a las figuras aberrantes y su extravagante manera de llevar hasta límites insospechados el nihilismo que caracterizó al siglo XX. La crítica ha dejado de consolidarlos, aunque la solidez de los hermanos Chapman ya venía augurada gracias a su principal impulsor Mr. Saatchi; entre tanto, el fenómeno del Arte (Gombrich) como categoría elevada desde un planteamiento ontológico y el arte como mercancía, son dos entes opuestos que los verdaderamente despiertos, ya deberían diferenciar en el trabajo de los Chapman.

Sin embargo, si observamos su trabajo desde un punto de vista más serio, con más fundamento y dejando de lado la banalidad que acompaña su fama mercantil y el escándalo mediático, podríamos decir que los artistas tienen una idea madura y consciente aunque parezcan niños traviesos; a pesar de esto,parece que aun no desean soltar la mano de su predecesor, aunque cuando lo hagan, podremos ver otra faceta de estos iconoclastas del horror que además guardan ciertas similitudes plásticas con otro viejo sabio del arte contemporáneo: el controvertido artista Paul McCarthy.

Goya como gran maestro fue considerado el primer reportero bélico, sólo tuvo que mirar parte de esos desastres y llevarlos al grabado con gran maestría, los Chapman por el contrario, tuvieron que mirar a través de los ojos de Goya para alcanzar algo de relevancia y frescura. Es por esto que la crítica contemporánea se ha preguntado sobre los valores reales del arte del siglo XXI, y si realmente estamos dejando algo efectivo para el futuro, si es coherente y además sincero, o si la gran mayoría de los artistas cobijan su propia mediocridad bajo la sombra de los grandes.

desLa irreverencia  que refleja el trabajo de estos artistas es una muestra de que ya nada nos parece propiamente respetable en la historia, si el siglo XX ya había eliminado por completo a Dios de sus horizontes, quien más no podría ser burlado o profanado. Un mortal como Goya no se escapó de las inclemencias de los desastres que trajo consigo la era posmoderna como consecuencia de las insolencias de Duchamp con La Mona Lisa y luego otros tantos como Warhol, Richard Prince o Jeff Koons que han sabido burlar con osadía las obras de los maestros más importantes de la historia.

El arte ya no es lo que era en el pasado, esto es evidente, pero a pesar de toda esta decadencia a través de estos gestos, podemos reconocer una aterradora realidad de la que aún hoy somos presos: el hombre sólo puede extrañar su grandeza cuando ha agotado todas sus virtudes y se mira en el espejo de la perversidad. El siglo XXI y los hermanos Chapman tienen un vínculo temporal muy  coherente y, a pesar de la innegable suspicacia que genera un  trabajo cargado, repetitivo, exagerado, infantiloide y bizarro, no podríamos negar la veracidad de sus espantosas figuras en relación con el mundo en que vivimos.

Goya parecía un ser melancólico y depresivo, los Chapman por el contrario se han tomado como un juego divertido lo que el maestro del arte flamenco vio horrorizado durante la guerra. El éxito de los rebeldes británicos a pesar de la crítica y la negativa de cierto público es innegable, porque, aunque no queramos reconocerlo,  nos sigue pareciendo intrigante la guarrada y la miseria humana cuando se disfraza de arte.

chapmanLa preguntar final para este capítulo es la misma que han manifestado escépticos y críticos sobre algunas propuestas artísticas que hacen parte del arte contemporáneo y que se están inscribiendo en los renglones de la legitimación histórica:

¿Quiénes serían los rebeldes  hermanos Chapman, de no haber sido por la existencia de un grande como Goya?


 

 

Fuentes:

Los grotescos hermanos Chapman en http://culturacolectiva.com/los-grotescos-hermanos- chapman/#sthash.pZ7mZA63.dpuf

http://www.elcultural.com/revista/arte/Jake-y-Dinos-Chapman-Siempre-hemos-querido-rectificar-a-Goya/9376

Alcances Antropológicos del anunció de “la muerte de Dios” en Nietzscheen http://www.observacionesfilosoficas.net/alcancesantropologicosdelanuncio.html

http://elpais.com/diario/2003/04/01/cultura/1049148005_850215.html

Artista plástica, escritora y blogger. Diplomada en periodismo cultural y crítica de arte. Estudió filosofía en la Universidad de Antioquia y Estética y Teoría del arte con la universidad de Cádiz. Su trabajo se caracteriza por investigar el rol femenino en la historia. Se interesa por la escritura de textos en los que reflexiona acerca del sistema del arte actual. Hace parte del equipo de columnistas de la revista internacional de arte Artishock , colabora en el suplemento cultural de El Mundo y escribe para diversas revistas de arte.

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