INTERSECCIONES CAPÍTULO II: Los demonios irascibles de Caravaggio y la tensión espiritual en la obra de Mark Rothko.

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“Tragedia, éxtasis y fatalidad; vulnerabilidad al dolor y al placer”.

Era el 29 de mayo de 1606, un hombre iba con una espada en la mano, tenía el ceño fruncido, la cara tensa y una mirada desafiante; padecía de “impulsividad psicótica”, cuanto más odio contenía su cuerpo, más parecía deformarse su rostro y desorbitarse su mirada. Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610), había asesinado a un hombre tras una riña de honor, los testigos se quedaron estupefactos, su acto le producía regocijo, nunca arrepentimiento; era un hombre soberbio, pendenciero e iracundo, pero fue considerado uno de los más grandes genios del arte barroco.

Con Caravaggio quienes se enfrentan a su pintura ya no son espectadores, son “testigos” de una brutal acción que se está cometiendo en el lienzo, una acción que los puede implicar directamente. Su trabajo no pudo ser definido de otra manera que como una fiel muestra del sentido del drama y la tragedia humana; sin embargo, este mismo sentido lo plasmaría otro hombre tres siglos después y de un modo completamente inusual, un pintor que se consagró como uno de los mayores exponentes del expresionismo abstracto, para ser más exactos, el artista Marcus Rothkowitz (1903-1970) de nacionalidad rusa, reconocido como Mark Rothko. Influenciado por Nietszche, sus primeras obras a pesar de ser figurativas, ya perfilaban el carácter especialmente místico y al mismo tiempo dramático y melancólico de este pintor.

Lo que cabría preguntarnos aquí es: ¿Qué tendrían en común estos dos personajes?

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Podemos empezar destacando que para ambos artistas el color tuvo una connotación transcendental que iba más allá de utilizar una gama cromática con el propósito de generar armonía; ya sea por sus temperamentos vehementes e intensos y por esa suerte de expiación que envolvió sus vidas, tanto Caravaggio como Rothko abordaron el motivo (figurativo o no) con una mística especialmente “divina”, siendo paradójicamente obras que presentaban una fisicalidad incuestionable, haya sido por la presencia abrumadora de los grandes formatos en los cuadros de Mark Rothko o por el realismo en los personajes de Caravaggio que parecían salirse del lienzo. Obras definitivamente entrañables que ahora son un valioso legado para la historia del arte y para los artistas de esta generación que necesitan recordar, que hubo un momento en el arte donde sin tanto aparataje, truco o tecnología, un artista solo necesitaba una tela y unos cuantos colores para manifestar su grandeza.

Cualquiera que vea las pinturas de Caravaggio y considere el temperamento de “un hombre demoníaco” (como solían decir en su tiempo) se preguntará entonces ¿Cómo una persona como él, pintó durante casi toda su carrera tantas obras religiosas? En 1599 tuvo que crear los enormes lienzos de la Capilla Contarelli en San Luis, allí le fue rechazada la primera versión de San Mateo y el ángel por su “realismo exagerado”, que no era algo diferente a concebir el cuadro  bastante “vulgar” para tratarse de un tema religioso, ante lo cual el maestro tuvo que responder realizando una versión más “elegante” y así agradar a las exigencias del encargo. Si tenemos en cuenta esta clase de situaciones (que no fueron pocas), una de las virtudes más valiosas y supuestamente problemáticas de Caravaggio, era que tenía el poder de la verdad ante la cual nadie podía resistirse: El martirio de San Mateo se consideró como una ejecución brutal y despiadada, tal y como eran las ejecuciones; en La crucifixión de San Pedro podía apreciarse cómo su espíritu estaba profundamente atormentado; y en La muerte de la virgen, desató un gran escándalo al elegir como modelo a una prostituta que se había ahogado unos días antes.

Por su parte, Rothko también se destacaría por recibir un importante encargo de carácter religioso. Los coleccionistas John y Dominique de Menil fundarían una especie de santuario espiritual para personas de todas las religiones que sería un espacio de meditación inspirado por las pinturas de Mark Rothko. El artista recibió la comisión en 1965 y trabajó estrechamente con los arquitectos para crear la modesta planta octogonal con un espacio central que incluía luz cenital alrededor de la cual colgarían catorce grandes lienzos. Fue uno de los proyectos más queridos por el pintor; lamentablemente como consecuencia de su muerte, el maestro no pudo ver la obra terminada, que fue llamada La capilla Rothko fundada en 1971.

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Caravaggio se encontraba envuelto en un asesinato y condenado a pena de muerte, esto nos hace entender por qué el maestro pintaba constantemente decapitaciones abrumadoras.

Se busca a Michelangelo Merisi da Caravaggio por asesinato. Trae su cabeza en una cesta y serás recompensado”.

La decapitación de San Juan Bautista es considerada por los expertos como una de sus más grandes obras maestras. La pintura parece una señal de angustia que manifiesta el artista, identificándose con la figura torturada del personaje principal; curiosamente, escribiría su firma con la sangre que brotaba de la herida. Por su parte la pintura David con cabeza de Goliat insinuaba una soledad cruda y amarga. El artista murió miserablemente a los 39 años de edad el 18 de julio de 1610, más de tres siglos después en un frío suelo de concreto, sobre un pequeño charco de sangre coagulada, yacía el cuerpo de Mark Rothko; su muerte fue por desangramiento, y por la forma en que encontraron las heridas, pareció que el artista lo había planeado con la meticulosidad y la perfección que lo caracterizaban.  “an open-and shut suicide (Breslin, 1993:522).

El acontecimiento de la muerte de Mark Rothko tendido sobre el río escarlata, podría ser una escena digna de ser pintada por el maestro italiano; esto me lleva a pensar ¿Cómo hubiese pintado Caravaggio la muerte de Mark Rothko de haber coincidido en su época? ¿Cuál habría sido el tono seleccionado por Caravaggio para representar su sangre, dado que Rothko era un maníaco del rojo, el púrpura y el marrón?

La muerte de este pintor  es considerada como la celebración de un ritual, de un sacrificio y de una reafirmación y al mismo tiempo aniquilación del YO, siendo por lo tanto el momento más nítido de su individuación, un “sacrificio prometeico” lo llamaron.

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En Rothko fue muy temprana la forma con la que seccionaba el lienzo por rectángulos cromáticos, sólo que, en sus inicios, utilizó esta estrategia como fondo de sus representaciones, y con el tiempo, el artista se daría cuenta de que la vida es tan trascendental y al mismo tiempo tan insignificante que todo lo que plasmara figurativamente sobre el lienzo carecía de importancia. A partir de esta “iluminación creadora”, Rothko encontró una manera de expresar la existencia misma, y esta vez sería a través de un aparente vacío, el cosmos en un lienzo marrón, rojo y negro.

A partir de Caravaggio podemos decir que el espectador comenzó a sentirse inmerso en el cuadro, había algo especialmente intrigante en sus escenas y quien las miraba podía ser testigo de la ferocidad representada, los hacía sentir casi culpables por lo que estaba sucediendo en sus cuadros; esto mismo pasaría un tiempo después con una de las obras más enigmáticas pintada en 1656 por Diego Velásquez, Las meninas, donde el espectador ya no sólo es testigo, sino que es parte de la escena, y  de igual forma, este mismo sentimiento abrumador de “ser testigo” fue posible gracias a una de las pinturas más importantes de la revolución francesa, La muerte de Marat de 1793 pintada por Jean Louis David. Y así, si reconocemos las influencias que Caravaggio tuvo en la historia, podríamos preguntarnos ¿Qué habría sido de Velásquez si no hubiese tenido la oportunidad de conocer el realismo brutal en su pintura? ¿Cómo hubiese pintado Jean Louis David La muerte de Marat? Sin duda alguna la historia del arte debe mucho a Caravaggio, un hombre al que muchos le tenían terror.

Por su parte las pinturas de Rothko exploraron otro nivel dimensional frente a la sensación de sentirse testigo o ser parte de la escena, y era la impresión frente al cuadro de “estar en él”; en su libro “About Rothko” Dore Ashton afirma que las pinturas de Rothko son como un gran organismo vivo que intenta atrapar a todo aquel que se encuentra a su paso. Rothko al igual que Caravaggio retaban al espectador continuamente, si al mirar la horrenda Cabeza de Medusa se desafiaba al espectador como diciendo “No puedes mantener la mirada”, es decir, si el desafío era permanecer frente a la obra durante un tiempo determinado en cuerpo físico, en Rothko era un desafío emocional, porque sus campos de color podían agotar la psique.

Y si he de depositar mi confianza en algún sitio, la otorgaría a la psique del observador sensible y libre de las convenciones del entendimiento. No tendría ninguna aprensión respecto al uso que este observador pudiera hacer de estas pinturas al servicio de las necesidades de su propio espíritu; porque, si hay necesidad y espíritu al mismo tiempo, seguro que habrá una auténtica transacción”.

Simon Shaman historiador y crítico de arte, quien realizó un emotivo capítulo sobre la vida de Rothko para la BBC, finalizaba su capítulo con estas palabras: ¿Puede algo ser menos frío en esta sala, en el corazón de la Tate Modern? Más allá del alarde publicitario del arte contemporáneo, la molestia frenética de ahora. No se trata de ahora, se trata de siempre, este es un lugar donde se llega a sentarse con las luces bajas y sentir los eones rodando, ser tomado hacia las puertas que se abren a los umbrales de la eternidad, a sentir una intensidad de nuestras idas y nuestros pasos, nuestras entradas y nuestras salidas son nuestros nacimientos y nuestras muertes. ¿Puede el arte ser más completo, más potente? Yo no lo creo.

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El dinamismo, la fuerza y la pasión con la cual Caravaggio pintaba sus cuadros religiosos y la mística trascendental que proponía la obra de Mark Rothko, hacen de estos dos grandes, fuerzas antagónicas de diferentes épocas. No hay nada más opuesto al realismo en términos formales con la pintura barroca, que un cuadro abstracto, un campo de color sin figuras, sin representaciones, sin escenas, pero paradójicamente con las mismas cualidades metafísicas de una pintura tenebrista. Carne y huesos, vulnerabilidad al placer y al dolor podrían ser perfectamente un Caravaggio o un Mark Rothko.  Caravaggio colocó la oscuridad en el lienzo y Mark Rothko nos pidió que entráramos en ella.

Ambos artistas presentaron obras absolutamente premonitorias al momento de sus muertes, Salomé sosteniendo la cabeza de Juan Bautista de 1607 y David con la cabeza de Goliat terminada entre 1609 y 1610 son una muestra de esa sensibilidad especial que tuvo Caravaggio para profetizar su destino, y aunque la vida tuvo algo de piedad con él no dejando que este fuera decapitado, la salida fue un hecho.

Algo parecido le sucedería a Mark Rothko en la década de 1960; sus grandes lienzos ya no eran vibrantes ni despedían esa radiación expansiva especial, sus obras pasaron a ser oscuras y tremendamente apocalípticas. Su cambio cromático estuvo constituido por una de las series más importantes del pintor, sus Dark Paintings. Rothko en una especie de “preparación” pasó a utilizar colores sombríos: violetas, grises, marrones, azules oscuros y casi negros, con los que consiguió pinturas más magnéticas y sobrecogedoras.

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Las pinturas en negro sobre gris de Mark Rothko o las decapitaciones de Caravaggio son vivas expresiones de la tragedia.

El artista ruso sería considerado por el crítico de arte Clement Greemberg como el primer exponente del Color field (Campos de color) aunque para Rothko, sus obras no eran precisamente pinturas abstractas, sinoexpresiones de las más básicas emociones humanas”.

Indiscutiblemente, la historia del arte le debe mucho a estos dos humanos personajes: Michelangelo Merisi da Caravaggio y Marcus Rothkowitz o Mark Rothko.

“Tragedia, éxtasis y fatalidad; vulnerabilidad al dolor y al placer”.


 

Fuentes:

Grandes Maestros de la pintura: Caravaggio

El poder del arte por Simon Shaman: Caravaggio

Mark Rothko: La intensidad del drama por Sara Rivera

El poder del arte por Simon Shaman: Mark Rothko

http://www.rothkochapel.org

http://www.disturbis.esteticauab.org

Artista plástica, escritora y blogger. Diplomada en periodismo cultural y crítica de arte. Estudió filosofía en la Universidad de Antioquia y Estética y Teoría del arte con la universidad de Cádiz. Su trabajo se caracteriza por investigar el rol femenino en la historia. Se interesa por la escritura de textos en los que reflexiona acerca del sistema del arte actual. Hace parte del equipo de columnistas de la revista internacional de arte Artishock , colabora en el suplemento cultural de El Mundo y escribe para diversas revistas de arte.

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