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INTERSECCIONES CAPÍTULO IV: la teoría de la Gestalt en Giuseppe Arcimboldo y la redefinición de lo que vemos en la obra de Tim Noble & Sue Webster

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Si de algo nos hemos podido percatar durante los capítulos anteriores de INTERSECCIONES, es que algunos movimientos del arte de vanguardia, así como las obras de arte contemporáneo más “radicales”, fueron profetizados por viejos maestros que, aunque imaginativos, no se hubiesen podido sospechar los alcances que tendría el arte en una era tecnológica. El Surrealismo, por su parte, tiene a sus antecesores indiscutiblemente en artistas como El Bosco, Pieter Brueghel, Johann Heinrich Füssli, así como en el pintor renacentista Giuseppe Arcimboldo (1527-1593). Las tan famosas obras de Salvador Dalí conocidas como los “cuadros de doble sentido”, en especial su Cabeza paranoica (1935) o El enigma sin fin (1938), y su llamado “método paranoico-crítico”* le deben mucho a este pintor del Bajo Renacimiento, quien fue considerado como un Surrealista avant la lettre por pintar mucho más que extrañas cabezas.  

Arcimboldo fue un artista bastante particular; ese que jamás olvidaste de tu clase de historia del arte por sus retratos pintorescos realizados con plantas y frutas que nos resultaban fácilmente identificables. El artista, quien a través de sus pinturas inspiró a los creadores de las nuevas generaciones como el japonés Shigeo Fukuda y a la pareja de artistas Tim Noble & Sue Webster logra maravillarnos con lo que se ingenió crear, ubicando en sus composiciones las representaciones de elementos como frutas, animales u objetos, y logrando crear figuras y personajes que en algunas obras, más que en otras, debías observar con atención para encontrar al personaje, especialmente en sus obras más maduras en las cuales era necesario girar los cuadros, o de otra manera solo verías puercos, pollos asados, zanahorias, tomates o manzanas.

Aproximadamente 400 años después, en el siglo XX, se denominará como la Teoría de la Gestalt a la configuración de los elementos visuales que procesa la mente en formas y patrones determinados, así como a los elementos que llegan a ella a través de los canales sensoriales –percepción– o de la memoria –pensamiento, inteligencia y resolución de problemas–.  Desde la experiencia que tiene el individuo en su interacción con el mundo, la configuración de la percepción y la memoria tienen un carácter primario por sobre los elementos que la conforman –percepción: combinación, integración, selección; memoria: codificación, almacenamiento, recuperación– en tanto que la suma de estos elementos por sí solos, no podría generar, por lo tanto, el funcionamiento mental. Este planteamiento se ilustra con el axioma que dice el todo es mayor que la suma de las partes; así, la integración de las partes de frutas, plantas o cacharros en la obra de Arcimboldo nos ofrecen un todo asombrosamente reconocible y humano.

Lee sobre la Gestalt en Términos en alemán que todos los lectores del mundo del arte debemos conocer

“Somos todo lo contrario a los artistas como Van Gogh” respondieron los enfants terribles del arte británico Tim Noble (1966) & Sue Webster (1967) –quienes hacen parte de la generación que creció bajo el amparo de la provocación mediática de Damien Hirst– cuando se les preguntaba acerca de las psicopatologías, la búsqueda y la proyección de la luz y su relación con las obras de los viejos maestros. Rebeldes, aun sin quererlo, su discurso, tanto como su manera de plasmar las ideas, tienen una cercanía incuestionable con la obra del pintor “manierista” Arcimboldo, aunque se le adscriba a este movimiento casi por razones de fechas en las que realizó su obra, más que por su relación con los indicios estéticos de este estilo; una de las falacias recurrentes que hemos visto con muchos artistas en la historia de arte.

Noble & Webster declaran que están por completo en contra de esta sociedad de consumo y basura, aborrecen el falso mundo del espectáculo y sus obras señalan desde una cualidad muy propia de los rock stars, –caótico y “nihilista” – los desmanes de las sociedades desde grandes pilas de basura, montones de trozos de madera, chatarra, latas, bolsas de plástico, desechos orgánicos, e incluso, animales muertos.  Por su parte, Arcimboldo fue descalificado en su momento porque su propuesta parecía burlona, infantil y con poca seriedad; “chistes serios” era el término que utilizaba para referirse a sus obras compuestas, una combinación entre lo grave y lo jocoso que bien, como lo mencionaba Miguel Falomir, podría sacar una pequeña risa en quien las contemplaba, pero que sin embargo, están cargadas de unos significados políticos, poéticos e intelectuales, y este mismo gesto satírico se evidencia en la propuesta de los artistas británicos.

Al igual que Noble & Webster, Arcimboldo parecía estar en desacuerdo con la sociedad fanfarrona de gustos y gastos rimbombantes, tanto por sus excesos que desembocaban en un terrible mal gusto, como por el rechazo del hombre con su esencia natural, señalando con énfasis en sus retratos una relación directa entre el hombre con la naturaleza. Roland Barthes advirtió: “[…] la obra de Arcimboldo evoca toda una vida larvaria, la maraña de los seres vegetativos, gusanos, fetos, vísceras, que están en los límites de la vida, apenas nacidos y ya putrescibles.”  No obstante, cabe recordar que el artista fue por mucho tiempo retratista y copista en la corte de Viena cuando gobernaban Fernando I, Máximiliano ll y Rodolfo II, por lo que Arcimboldo podía tener, de hecho, experiencias de frivolidad de primera mano.

Sus retratos, decían, eran un cúmulo caprichoso y extravagante de un arte de segunda, pero esto se decía justamente porque parecía que al pintor, no se le daba nada burlarse de la ignorancia de la gente rica que solo compraba sus libros para que decoraran las estanterías de sus casas, o señalar de manera mordaz, con ironía y perspicacia la corrupción de la corte en los retratos de algunos personajes; un ejemplo de ello es su obra El bibliotecario realizada en 1566 o El profesor de Derecho del mismo año. El arte de Arcimboldo –continúa Barthes– no es extravagante, se mantiene siempre dentro de los confines del sentido común, en las lindes del proverbio; los príncipes hacia quienes iban destinadas estas “diversiones” debían poder asombrarse con ellas, pero también dominarlas. ¿Quieren los príncipes divertirse? Aquí tienen.

Vale recordar entonces que en una época donde ya se habían exaltado los nombres de los tres grandes del Alto Renacimiento: Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, un pintor de frutas y cachivaches no sería tomado muy en serio hasta la revolución que produjo por completo el arte del siglo XX. Sin embargo, el artista estudió los grabados de Leonardo da Vinci, en particular los que eran de tendencia “caricaturesca”, cuya referencia se haría notable en su producción madura.

La obra de Arcimboldo tiene por lo tanto una significación de dos matices, a saber: por un lado entra a trasgredir la virtualidad de la imagen pictórica, es decir, lo que ve el espectador más allá de una evidente alegoría. En un comienzo ve el detalle de cada objeto, por ejemplo, frutas agrupadas, pero se ignora el sentido total de la composición como un todo. Seguidamente, cuando se toma algo de distancia, el mensaje cobra nuevas dimensiones, se muestra como un todo absoluto. Por su parte, la pareja de británicos utiliza desechos, basura y chatarra para elaborar curiosos cúmulos que en principio no muestran nada, pero cuando se proyectan con lámparas de luz sobre una superficie, en la penumbra, aparece entonces la “magia”. Bidimensionalidad que recrea tridimensionalidad en los personajes de Arcimboldo, tridimensionalidad que se proyecta en una superficie bidimensional en las obras de Tim Noble & Sue Webster, ambas propuestas con un común denominador: un replanteamiento del sentido de la imagen.

En una entrevista, Noble & Webster afirmaban que sus creaciones estaban principalmente enfocadas en la Teoría de la percepción familiarizando sus piezas con este proceso, y en cómo las personas evalúan las formas abstractas, es decir, nada distinto a la teoría de la Gestalt. No obstante, esta pareja nos alecciona sobre la verdadera percepción que tiene el hombre sobre las cosas, las partes y el todo; así como en Arcimboldo la importancia se manifestaba entre el fondo y la forma, en ellos aparece cuando las luces de la sala se apagan. Es como si señalaran inquisitivamente “tú no ves nada”.

El mito de la caverna de Platón, que se asume como una explicación metafórica a la situación del hombre sobre su conocimiento del mundo, parece trasladada de manera irreverente por este par de personajes cuando con luces y sombras nos alertan de la idea de vivir en una realidad ficcionada; ¿Y cómo representan estos rebeldes esa realidad ficcionada? Nada más y nada menos que a través del “efecto Arcimboldo”: el todo es mayor que la suma de las partes.

“Welcome mothefuckers” es el saludo nada sofisticado con el cual nos recibe la pareja de británicos en su sitio web. Radicales y provocadores, no les importa polemizar sobre temas como el consumo, el sexo, la religión o la política, y aunque para algunos resulta molesto y hasta anacrónico seguir dando razón a Kant cuando se habla específicamente de  algunas obras de arte contemporáneo, no habría que olvidar que su filosofía asigna a la imaginación como condición subjetiva y a priori de la percepción, es decir:

“Si llamamos sensibilidad a la capacidad que tiene nuestro espíritu de recibir representaciones –receptividad– […] se llamará entendimiento a la facultad que tenemos de producir nosotros mismos, representaciones […] Por la índole de nuestra naturaleza, la intuición no puede ser más que sensible, pues sólo contiene la manera que somos afectados por los objetos […] el entendimiento, en cambio, es la facultad de pensar el objeto de la intuición sensible”.

¿Cuál es la obra en Noble & Webster, el montón de basura o la sombra? ¿Cuál es la obra en Giuseppe Arcimboldo, las plantas o los rostros? La escultura en sí no es ni el montón de basura ni la sombra, es la unión de todos los elementos; la pintura en sí no es ni las plantas, ni los rostros identificables, es la unión de todos los elementos. Primero tienen que darle forma a la basura y después buscar el ángulo desde el cual el foco acabará por conseguir la forma identificable, la “forma concreta”*. Lo mismo sucede con las pinturas de Arcimboldo, pues es la correcta ubicación del conjunto de plantas, animales, objetos o frutas que nos ofrecen el rostro reconocido. Hay entonces en ambos trabajos caos, más nunca azar; una paradoja que solo se hace posible a través del arte. En ambas propuestas la distancia guarda un papel fundamental para la percepción correcta de la obra; de modo que debemos tomar distancia para que el caos se transforme en creación.

Así, gracias a las relaciones con la Gestalt y a la noción de percepción que integra el conocimiento a priori de los espectadores, Giuseppe Arcimboldo, Tim Noble & Sue Webster, han hecho posible alcanzar el esplendor en la rosa y el atractivo en la chatarra.

*El método paranoico-crítico es una propuesta elaborada por el pintor surrealista Salvador Dalí (1904-1989). El aspecto que Dalí encontraba interesante en la paranoia era la habilidad que transmite ésta al cerebro, para percibir enlaces entre objetos que aparentemente no se hallan conectados. Dalí describía el método paranoico-crítico como un “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”.

*La forma concreta es uno de los principios fundamentales de la percepción para los gestaltistas, es la llamada ley de la Prägnanz (traducido generalmente del alemán como pregnancia o, mejor aún, como principio de la buena forma), que afirma la tendencia de la experiencia perceptiva a adoptar las formas más simples posibles. Las partes de una figura que tiene forma concreta o que indican una dirección o destino común forman con claridad unidades autónomas en el conjunto. Esta ley permite la fácil lectura de figuras que se interfieren formando aparentes confusiones, pero en donde prevalecen sus propiedades de “buena forma” o destino común, se ven como desglosadas del conjunto.

Referencias

Barthes, Roland. (2014) Arcimboldo. Editorial Casimiro Libros.

Cañas, Gabriela. (1987) Venecia bajo el “efecto Arcimboldo”. Recuperado de http://elpais.com/diario/1987/02/19/cultura/540687605_850215.html

Durero, G.Dante. (2003) La Gestalt como teoría de la percepción y como epistemología. Recuperado de http://www.timnobleandsuewebster.com/home.html

Falomir, Miguel. “Arcimboldo y flora”. Conferencia dictada el 27 de febrero de 2014 en la Fundación Juan March, dentro del ciclo de conferencias “Giuseppe Arcimboldo: su vida, su obra, su tiempo”. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=EIUlLYmwOHs

Kant, Emmanuel (2003) Crítica de la razón pura, Editorial Losada.

Noble, Tim y Webster. (1982-2014) Tim Noble & Sue Webster Site. Recuperado de http://www.timnobleandsuewebster.com/artwerks.html

Villegas, Manuel. El método paranoico-crítico de Salvador Dalí, en Revista de Historia de la Psicología, vol. 28, núm. 2/3, 2007.

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Artista plástica, escritora y blogger. Diplomada en periodismo cultural y crítica de arte. Estudió filosofía en la Universidad de Antioquia y Estética y Teoría del arte con la universidad de Cádiz. Su trabajo se caracteriza por investigar el rol femenino en la historia. Se interesa por la escritura de textos en los que reflexiona acerca del sistema del arte actual. Hace parte del equipo de columnistas de la revista internacional de arte Artishock , colabora en el suplemento cultural de El Mundo y escribe para diversas revistas de arte.

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