Lo que hay que decir sobre un cadáver…

en Pedagogía del arte por
Un titulo sugerente y un tanto carente de sentido, pero suficiente para entrar a hablar de la más clara representación del sinsentido en el cual se vieron sumidos los representantes del surrealismo a comienzos del siglo XX; de allí que Robert Desnos, Paul Éluard, André Bretón y el mismísimo Tristan Tzara utilizaran el “Cadáver exquisito” como medio para demostrar que la creación, podría ser anónima y grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática.
 
Un cadaver exquisito
 
El “Cadáver exquisito” nació como una técnica surrealista en 1925 aproximadamente, algunos sostienen que nace a partir de un famoso juego de mesa de la Inglaterra victoriana llamado «Consecuencias», que consistía en que cada uno de los jugadores escribía, sin ser observado por los demás, una palabra o frase que respondiera por orden a una de las siguientes cuestiones: El nombre de un hombre, el nombre de una mujer, el nombre de un lugar, un comentario, un segundo comentario y un resultado que sería la consecuencia que da título al juego. Estas acciones, como es de imaginar, daban como resultado una historia completamente descabellada.
Man Ray, Max Morise, André Breton, Yves Tanguy - Cadavre Exquis (1928)
Man Ray, Max Morise, André Breton, Yves Tanguy – Cadavre Exquis (1928)

 

Sin embargo es bueno preguntarnos qué constituye lo descabellado en realidad, porque de eso se trata la existencia, la verdadera existencia cabe decir, consiste en lograr encadenar los elementos del entorno de acuerdo a un contexto; vivimos en territorios con recorridos implantados arbitrariamente, pero es cuando circulamos por la ciudad que nos convertimos realmente en sus habitantes, caminando todo tipo de trayectos —«con cruces, semáforos, direcciones prohibidas, intersecciones desconocidas»—.
 
Lo mismo nos plantea el lenguaje (tanto escrito como visual), planteado a partir de recorridos arbitrarios —«estructuras sintácticas»—, el “Cadáver exquisito” es la posibilidad de comunicarnos a un nivel mas allá de la estructura, permitiéndonos tener acceso a aspectos no verbalizados de la interiorización conceptual de los miembros de un grupo.
 
Un cadáver exquisito es una obra colectiva. No tiene un único autor, sino es hijo de multitudes; siempre queda la invitación a construir su propio juego con el lenguaje, cualquiera que este sea, sumergiéndose en las aguas de su entorno, siendo el premio casi el anonimato, en lo colectivo de una obra común.
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