Lo trágico: La belleza del dolor

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La estética se ha divido (desde los primeros tiempos hasta el día de hoy) en diversas cualidades o categorías estéticas. Más que mencionar a cada una de ellas, entre las que se cuenta el encanto y la plasticidad, lo realmente valioso del papel de las variedades estéticas radica no en certificar la belleza, sino más bien en contribuir a la misma.

El aspecto esencial de la estética se encuentra en el estudio y resolución de problemas sociales, siendo esto a la vez, un factor primordial en el arte, evidenciando a lo largo de la historia, la conexión inseparable entre el arte y el hombre. Así lo muestra la categoría de la tragedia, la cual ha centrado su existencia alrededor de factores etnográficos por medio de una mirada emocional, conmovedora y dramática. La obra parte de un modelo social, transformándose en modelo artístico, donde el artista retoma los sucesos trascendentales de la sociedad caracterizados por el dolor.

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Instalación de sillas móviles en el Palacio de Justicia de Bogotá.
Doris Salcedo
2007

La tragedia como categoría estética, inicia fundamentalmente alrededor del teatro y la literatura, encontrando la facilidad de expresar lo que implica lo trágico, aquello que está desbordado de tensiones y conflictos.

Lo trágico muchas veces conlleva a la muerte. La fatal aniquilación del ser humano es uno de los sucesos más negativos del hombre. Ese hecho de dar por terminado la vida, de una manera siniestra, se convierte en una desdicha a veces incomprensible por el ego humanista, sumergido en una posición de supremacía y poder.

Masacre 9 de Abril Débora Arango 1948
Masacre 9 de Abril
Débora Arango
1948

A partir de la estética trágica se llega a profundizar inmensamente en el ser humano, pues es clasificada como la categoría que mejor expresa la condición individual. En lo trágico la euforia alcanza niveles impensables. Es la constante preocupación y desolación que genera observar el medio en que vivimos, junto a los hechos desgarradores, ya hechos paisaje de su recreación continua.

Muchos artistas colombianos han indagado por la tragedia como inspiración de su trabajo visual, pero en esta ocasión siento la obligación de mencionar a tres grandes artistas del arte contemporáneo, que rebosadas de los hechos violentos ocurridos después de la segunda mitad del siglo XX, testificaron y perpetuaron la desgracia nacional que se vivía en aquel entonces. Doris Salcedo, Débora Arango y Beatriz González, cada una de ellas con sus particularidades formales y conceptuales, elaboraron un discurso que va desde la frialdad de Débora; la verdad cotidiana de Beatriz; y la reconstrucción del espacio de Doris.

Los Suicidas del Sisga Beatriz González 1965  
Los Suicidas del Sisga
Beatriz González
1965


Sus obras contienen la fácil reacción del público generada como explosivos conmemorativos. Escenas de la tragedia humana, que además poseen la familiaridad y el dolor insoportable de la desgracia inevitable. La tragedia es la belleza de la sensibilidad, profunda y eterna, del vivir.