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Palabras invisibles: 89 Noches

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En el Museo de Antioquia se está presentado hasta el próximo 13 de agosto 89 Noches, descolonizando la sexualidad y la oscuridad. Se trata de una “exposición colectiva internacional que analiza las múltiples relaciones entre la sexualidad y la oscuridad dentro del mundo neoliberal de iluminación permanente”[1]. La curaduría está a cargo de Carolina Chacón y Stephanie Noach.

De la serie Man made materials / René Peña / 1999

Las obras que componen el proyecto expositivo están enlazadas a través de una línea argumental sólida, que a su vez –por esa oscuridad de la que habla la exposición– nos lleva a una experiencia en la que lo visual se conecta con lo auditivo. Esta muestra que pretende hablarnos sobre elementos característicos que suceden cuando cae la noche, y que se vuelven ejes marginados por la sociedad, está visibilizando lo que pasa cuando la oscuridad interviene en los procesos creativos y se vuelven medios decisivos para aflorar elementos de la cultura que están situados como sellos en una cotidianidad universal.

Las obras, desde su propia iconicidad, tienen valores únicos por destacar, pero lo que se vuelve incómodo al momento de hacer el recorrido en esta sala, es la floja preocupación que denota la disposición de las cédulas de pie de objeto. En la primera parte, donde se ubica Fisgón de las serie Faenza, del maestro Miguel Ángel Rojas y las fotografías del artista cubano René Peña, las cédulas están prácticamente al nivel del suelo, los textos son extensos, y la poca iluminación que tienen son detalles que hacen esquivas las intenciones de observar. La penumbra en la que están sumidos hace difícil, por no decir imposible, la legibilidad de las palabras, se vuelve tedioso el tener que arrodillarse para poder leer, sobre todo, tener que iluminar de propia mano los textos para comprenderlos. Si este es un recurso del propio discurso curatorial, en el que tiene cabida la oscuridad y el morbo que genera mirar lo que se esconde, entonces estaríamos hablando de una estrategia interesante pero endeble, novedosa, pero poco funcional. En algunos casos estas cédulas son obviadas porque sencillamente la manera en la que se encuentran nos obliga ignorarlas. Se puede cambiar el método convencional de situar las cédulas al lado de las obras, pero la originalidad no puede ser una excusa para hacer las cosas de una forma tan antiestética y vana.

Fisgón, de las series Faenzas / Miguel Ángel Rojas

¿Cuál es la responsabilidad museográfica de una exposición en función de la curaduría? Se supone que ambos elementos deberían trabajar mancomunadamente para satisfacer las necesidades cognitivas de quien visita una exposición de arte, más aun, cuando la intención de ésta radica precisamente en que este no está diseñado para decirnos todo y como se diría popularmente, tragar entero, sino que lo primordial podría ser el proceso de interpretación y reflexión que las obras suscitan en cada uno, pero es importante analizar cómo se está conectando la información puesta a disposición del espectador por parte del museo y cómo finalmente se conecta con el recorrido por el espacio. No sólo se trata de la obra de arte como construcción visual, sino cómo los textos de cada una de las obras, que se supone tienen una finalidad, no está en función del espectador, sino que se termina convirtiendo en un aspecto museográfico sin trasfondo alguno.

High Heels / Fahrettin Örenli / 2017

El arte no siempre puede ser visto con la intención de develar un conjunto de significados por medio de la imagen frente al observador, pero cuando se vuelve confuso, el apoyo teórico puede ser una referencia para conocer lo que se plantea a través del arte. No en vano, el campo artístico lleva un tiempo significativo tratando de refutar su carácter como teoría académica hecha por intelectuales para intelectuales; una intención por superar los textos que de forma directa clasifican a los visitantes, limitando la interiorización del arte más allá de la imagen.

Si el Museo de Antioquia, referente artístico y cultural importante en Medellín, está cambiando esa configuración y se está dejando permear por aparentes nuevas opciones museográficas para sus exposiciones, en las que el texto pierde protagonismo, entonces deberían dejarlo definitivamente de lado, porque parece que en la exposición 89 Noches están titubeando y se encuentran en una ambigua decisión acerca de si el texto es importante o no. Y como parece que aún no lo saben, lo dejan relegado a un lugar poco evidente y con la inclemencia de la oscuridad, algo que conlleva a pobres procesos pedagógicos. En ese orden de ideas, no se debería invertir en textos que nadie va a leer, no porque el espectador no quiera hacerlo, sino porque el propio espacio está privándolo de dicha elección. Si se sigue pensando que la imagen es para admirar pasivamente y no hace referencia a hipertexto alguno, entonces las cédulas de pie de objeto –que tienen tal función– serían un despilfarro de papel, pérdida de tiempo para quien las escribe y una pieza obsoleta para el visitante.

[1]89 noches. (2017). Museo de Antioquia. Desde https://www.museodeantioquia.co/exposicion/89-noches/

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Artista visual en formación. Me gusta viajar y el performance. Admiro a María José Arjona. Creo en la crítica de arte, pero más aún, en las experiencias sensoriales que el propio arte puede causar. Me pregunto sobre todo y me encanta incomodar a las personas con cuestionamientos que hacen sonrojar. Soy investigador por naturaleza y ególatra de nacimiento.

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