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Perversión y aberración. El cine como reflejo

en ./Columnas Editoriales/La mano manchada por

El cine, como la televisión, en su mayoría es entretenimiento, por muy inteligente y pedagógico que lo quieran hacer ver, tienen una función específica que es divertir a las masas. Pero cuando las imágenes aparentemente no “nos representan” llega el escándalo y el estupor, muchos se rasgan las vestiduras y proclaman inmediatamente la censura, como si hablar de la crueldad humana y las aberraciones fuera algo que jamás podría tocarnos, incluso muchos creen que sus prácticas sexuales son “normales” sólo por no atreverse a hacer lo que realmente quieren, pues saben que la sociedad las repudiaría y reprocharía.

Hoy quiero hablar de cine sucio, de ese que a muchos disgusta y a otros encanta, de ese lleno de escándalo, bajo presupuesto, malas actuaciones, pero de guiones llenos de contrastes y realidades al parecer absurdas. En este caso se trata de A Serbian Film (2010), del director serbio Srdjan Spasojevic. Esta película mediocre y con ruido cuenta la historia de Milo, un actor porno retirado que vive con su esposa e hijo. Él se encuentra en una difícil situación económica por lo que prácticamente haría cualquier cosa por un poco de dinero. En ese afán de conseguir algo qué comer, conoce un hombre llamado Vukmir, el cual está grabando una película de porno que, al parecer, es diferente a lo común. Milo, que es personificado por un actor de poca gracia llamado Srđan Todorović, termina por aceptar el ofrecimiento, sin saber que lo que se viene son absurdas depravaciones sexuales con drogas, violencia y pedofilia.

Hay cosas en el mundo que a los seres humanos nos trastornan, nos causan placer, morbo y asco. Otras que en cambio no significan mucho, tal vez ignorar hace parte de esa sensibilidad que en ocasiones no queremos aflorar. Por ejemplo, el asco es de esas sensaciones ambiguas, que van en contracorriente. Lo que me puede excitar, muy posiblemente a usted le genere el mayor de los desprecios, pero de eso se trata las sensaciones, la emoción y el ser capaces de estar rodeados de personas con diferentes prácticas.

Fotograma de A Serbian Film

A Serbian Film con sus grotescas escenas sobre decapitación, pedofilia, sexo sin pudor, tortura y violencia extrema nos demuestra el punto al que puede llegar el ser humano, el desprecio por el otro cuando el placer está por encima de cualquier cosa. El poder por medio del cuerpo y el deseo que se ve reflejado en la dominación; no hay nada que demuestre más poder que la capacidad de subyugar a los demás. El pene es un icono que no sólo habla de placer sino de autoridad; penetrar algo es decir que es nuestro, representa amor pero también  odio. La eyaculación es una marca sobre la posesión que demuestra incluso la brutalidad con la que manipulamos a los demás.

Fotograma de A Serbian Film

Esta película juega con la emotividad, tiene una belleza que gira en torno a aquello que visualmente desagrada, escuchando cosas que molestan. Si fuera en tercera dimensión podríamos sentir el olor a fluidos y la sangre nos salpicaría en la cara, podríamos percibir el miedo en los demás, los propios temores estarían a flor de piel, pero el temor igual que el pudor, está detrás de una pared que es impuesta por nosotros.

La repulsión, el deseo y el morbo que genera lo escondido se han desplazado al arte. En 1972, el artista Vito Acconci (Nueva York, 1940) se masturbó bajó una tarima en la galería Sonnabend de Nueva York, mientras los espectadores escuchaban sus gemidos y fantasías sexuales por medio de un altavoz. Esto es sólo un esbozo de cómo se ha ido abriendo una brecha entre lo prohibido y lo desinhibido, entre el placer y lo absurdo.

Todos tenemos demonios que son deseos cohibidos y algunos nunca son desarrollamos por miedo a lo punibles que pueden ser. Quizá y sólo quizá, si supiéramos que no habría castigo alguno, afloraríamos todos los deseos que yacen dentro. ¿Qué pasaría si el sexo más salvaje y cruel fuera para todos algo ‘normal’? ¿Qué pasaría en los seres humanos si lo ahora imposible fuera posible? Películas como A Serbian Film no serían una novedad ni una perversión, sino un reflejo de lo que somos. Nuestro cuerpo es un mundo de posibilidades; la penetración y el orgasmo no es la única salida al placer, las aberraciones más sucias tendrían su espléndido protagonismo. El problema es que reprimimos nuestras perversiones porque no quisiéramos ser recordados por ellas, y solamente pensar en el castigo nos obliga a dejarlas a un lado, pero siempre estarán ahí, esperando el momento en que puedan brillar con luz propia.

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Artista visual en formación. Me gusta viajar y el performance. Admiro a María José Arjona. Creo en la crítica de arte, pero más aún, en las experiencias sensoriales que el propio arte puede causar. Me pregunto sobre todo y me encanta incomodar a las personas con cuestionamientos que hacen sonrojar. Soy investigador por naturaleza y ególatra de nacimiento.

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