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Subasta de arte para una expedición corriente

en Crónicas del arte por

En La Pascasia se llevó a cabo la “Subasta de arte para una expedición corriente” con el fin de apoyar a dos bandas –Gordos Project y Metropolizón– del sello discográfico Música Corriente, ganadoras de la Beca de circulación internacional de la Secretaría de Cultura Ciudadana, para realizar una serie de conciertos en España y para lo cual vienen haciendo diferentes actividades que los ayude a recolectar fondos.

En el caso de la subasta nos dieron la expectativa días antes de que el evento sería entretenido, afirmando que “subastas hay muchas, pero seguramente ninguna tan divertida”. Dicha sugerencia se logró gracias al martillo de Sergio Valencia “Tola” y la presentadora Daniela Saldarriaga que ofertaron con éxito el 20% de las obras con relación a las 50 participantes. Las obras cedidas por los artistas contienen diferentes narrativas realizadas en técnicas como ilustración, grabado, fotografía, pintura y objetos.

A pesar de calidad y cantidad en las obras, la buena logística del evento y el propósito filantrópico, se evidenciaba en las primeras 18 obras la tendencia que desde la semana anterior se ha estado perfilando en el mercado del arte en Medellín y que en definitiva no pasa desapercibido. La expresión “ofrecer no es vender” se vio reflejado durante la subasta de Timebag, en la cual se obtuvo casi el mismo 20% de ventas que en la subasta de La Pascasia, dejando en el aire preguntas como ¿qué condiciones se necesita para vender arte? ¿Cuál es el mejor momento para vender? Haciéndome estas preguntas por casualidad y sincronía del universo, Sergio Valencia me dio la respuesta con su definición de subasta que expuso en medio de la misma: “es escalar en precios sobre una obra, no es ofrecer ni menos ni ofrecer nada”. Pero esto es lo que pasaba, parece que las personas no tienen claro el concepto de subasta o se les olvida al tener la paleta en la mano, o quizás, la paleta con diseño de fuck los intimidó tanto que el martillo tuvo que hacer pequeñas cátedras con humor para recordar por qué estaban allí.

Dicho de otra manera, las verdades se dicen con humor –dice la jerga popular– y allí no faltó para mostrar las obras de Fredy Serna, Juliana Gómez, Elizabeth Builes, Romel Toro, Danilo Cuadros, Patricia Bernal, Evelin Velázquez, Carlos Andrés Montoya, Viviana Serna y Felipe Florez, que daban risa nerviosa al pasar sin la más mínima demanda. Las obras de los artistas con trayectoria hacían pensar que el público pujante no eran tan exigente y conocedor, pero después mostró que tenían personalidad y gusto –porque la verdad me estaban asustando de escribir este comentario– cuando una niña*, siendo la primera compradora, se llevó la obra de Laura Montoya. De ahí en adelante con intermitencia y sin mucha escala en precios, se vendieron las obras de Juan David Roldan, Álvaro Botero, Juan Manuel Gómez, Juan Fernando Vélez, Daniel Escobar, Leonardo Arias, Mónica Lorenza, Silvana Giraldo.

En definitiva la “Subasta de arte para una expedición corriente” significó un paso para el propósito de conquistar tierras españolas, pero no lo suficiente para desarrollar un mercado del arte apto para las prácticas artísticas en Medellín, ni para desvanecer la idea de un público que está acostumbrado a mirar arte como parte de sus actividades en tiempos de ocio.

*De aproximadamente 8 años

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