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Una lectura del color en la pintura local: Jorge Alonso Zapata

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Esta es la cuarta y última entrega de un estudio que Santiago Ríos ha realizado sobre el color y tres de sus representantes colombianos: Jorge Cárdenas, Raúl Fernando Restrepo y Jorge Zapata. Esta semana les traemos un repaso por la obra de Jorge Zapata, y algunas de las conclusiones que el autor ha venido esbozando en cada una de sus entregas sobre estos tres casos particulares.

Finalmente encontramos a Jorge Alonso Zapata, artista empírico desde hace 13 años, a quien se le puede considerar el pintor del habitar, esto es debido a la importancia que le da a la ciudad y a sus habitantes en sus pinturas. La calle barbacoas fue su referente inicial porque allí encontró colores que le atrajeron mucho, con los cuales ha construido una temática urbana. “Si te fijas en las calles hay una paleta de colores que se extiende en una variedad de gamas; o qué decir de la estética de los periódicos, de las esquinas, todo esto me brinda posibilidades creativas”[1].

Por otro lado se podría decir que el trabajo de este artista actualiza Horizontes (1913) de Francisco Antonio Cano, un óleo que retrata a una pareja de campesinos y su hijo emigrando a una región llena de porvenires. Jorge Zapata no sólo ha reinterpretado la obra de Cano, también la expandió conceptualmente, pues Zapata cuestiona el presente creando diálogos con el pasado; él mismo lo explica diciendo: “mis pinturas son a prueba de idiotas; todos pueden entender una serie de reflexiones que giran en torno a la ciudad, la pobreza, las drogas, la prostitución, las calles, el kitsch, el conflicto y la violencia”. Este pintor es quizás uno de los que mejor ha personificado a la Medellín de post-guerra. Su estilo pop y sus colores brillantes expresan el imaginario cultural de la ciudad, y esta capacidad de captar el fenómeno social sólo es posible percibirla con un ojo saturado de ruidos, cuerpos y objetos.

Horizontes, Francisco Antonio Cano. 1913.
Fuente: https://www.museodeantioquia.co/exposicion/antioquias-diversidad-e-imaginarios-de-identidad/usos-de-horizontes/

Zapata muestra cómo el país se urbanizó sin resolver el problema agrario que había virtualizado Francisco Antonio Cano, y de esta manera evidencia años de conflicto armado que han sufrido las comunas de la ciudad, enseñando los efectos que han provocado este tipo de personas al construir y crear nuevos espacios que alteran el paisaje de la ciudad. Martin Heidegger explicó que los mortales habitan por que salvan las cosas terrestres sacando el mayor provecho de ellas, entendiendo este mayor provecho como la forma en que se protegen las cosas en tanto perecederas. Hoy en día son la multitud, el sofoco, las fábricas y las calles, construcciones protegidas pero que traen la secuela de liquidar el horizonte, la calma y la vida silvestre.

En una entrevista a finales del año pasado Jorge Zapata hablando del papel del color en su pintura, indicaba que ésta nace de la intención de hacer visible fenómenos sociales, y que el color es básicamente un medio que permite que esto suceda; atrae al espectador, lo invita a detallarla, y en este proceso se identifica con la pieza; encuentra toda esa variedad cromática presente en las calles del centro, y en los barrios de la periferia, esto le permite mostrar una realidad cómica, y que en vez de trágica se vea alegre, tal como la vivimos todos.

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La retrospectiva de Cano a Zapata nos permite observar la aparición de espacios y lugares que se adecúan a nuestro caótico modo de vida. Heidegger dice que el lugar no existe antes de la cosa, y en Cano no hay cosas ni lugares, sólo el horizonte. Por el contrario, en Zapata, el lugar ya existe y está cubierto por ellos.

Zapata representa de forma carnavalesca el salvajismo, la pobreza y el caos que  Medellín vive, creando una comedia donde el drama es el antioqueño durante el progreso de la industria, y la mofa es la distópica realidad; para ello recurre a los colores pop que invitan a reírse de la naturaleza humana. Jorge Alonso Zapata es como un bufón que evidencia lo absurdo de las circunstancias sociales, económicas y culturales, usando lo cliché a través de siluetas y colores que bien podrían haber salido de una historieta, y así produce pinturas muy propias de la estética kitsch.

Jorge Cárdenas, Raúl Restrepo y Jorge Zapata hacen  parte de una generación de artistas –como Fernando Botero o Alejandro Obregón– entusiasmados por el color, y que continúan una tradición respecto a la paleta de colores. El color continúa siendo un elemento característico y necesario de la pintura local ya que con él es que el artista da cuenta de la violencia y el caos que guarda el paisaje evidenciado en los estados temperamentales del color.

Para finalizar es oportuno recordar a Spinoza cuando dice:

Todas las ideas que acerca de los cuerpos tenemos revelan la constitución actual de nuestro cuerpo antes que la naturaleza del cuerpo exterior; ahora bien, esta idea que constituye un afecto revela o expresa la constitución misma que el cuerpo tiene en virtud de la potencia de obrar del mismo, o sea, su fuerza de existir aumenta o disminuye[2].

Lo cual significa que las ideas de un artista reflejan el estado del cuerpo propio antes que el estado de los cuerpos exteriores, ya que cuando el pintor piensa, y crea una obra es el deseo y los afectos propios quienes interrogan los objetos y los escenarios, creando un contacto sensorial con los mismos al proyectarse en ellos, buscando un sustrato ontológico y existencial en la iconografía personal que cada uno trata de desarrollar. Y es que bien, la pintura busca en los modelos un alma secreta con la cual se pueda exaltar referencias de la vida, y para ello los pintores que he mencionado toman los objetos y los llevan a una extrema revelación, situándolos entre la abstracción o el realismo. Esto sugiere que los pintores comenzaron a pensar el alma de los objetos y los espacios, liberándose de la naturaleza naturada y concentrándose en la naturante, no reproduciendo lo visible sino que volviéndolo visible.

[1] ENTREVISTA con Jorge Zapata, Artista. Medellín, octubre de 2016.

[2] Spinoza, B. (1984) Ética, Capítulo 3 Origen y naturaleza de las afecciones. España, Sarpe.

Fuente imagen: Jorge Zapata. Nuevos Horizontes. Acrílico sobre lienzo. 2012. Fotografía: Santiago Rios Gómez, exposición MDE15. Museo de Antioquia, 2015.

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